Jaime Puig
[Lunes, 6 de abril de 2009]
Confieso que el ejercicio de la política cada vez me sorprende más. Y cada vez lo entiendo menos. Escapa a mi capacidad de comprensión que las cosas importantes puedan tardar tanto en llevarse a cabo. Ya no hablo de los años que se están tomando para empezar a recuperar el Charco de los Clicos. Ni siquiera me refiero al lustro que ha pasado desde que nos dijeron que Lanzarote tendría una quesería en el Complejo Agro Industrial. Ni al trienio que se cumple del paso de la tormenta tropical Delta y de las promesas de devolver a los enarenados el rofe que voló aquella noche.
Trato de hablar del Centro de Acogida a personas con Minusvalía Psíquica, CAMP en adelante. Es una obra terminada hace meses pero que sigue con las puertas cerradas. Quizá tanto como la capacidad de diálogo o de negociación entre los actores responsables de poner el CAMP en funcionamiento: Joaquín Caraballo, como consejero de Servicios Sociales del Cabildo de Lanzarote e Inés Rojas, consejera de Bienestar Social del Gobierno de Canarias.
Ese centro, construido por el Gobierno de Canarias pero de cuya gestión se ha de encargar el Cabildo, sigue cerrado porque la primera corporación de la isla entiende que con el dinero que asigna Bienestar Social (la mitad de lo que se precisa, puesto que el otro 50% lo pone el propio Cabildo) no se puede prestar un servicio digno a los usuarios que serán del CAMP. Bien, pero a partir de ahí, ¿se ha avanzado algo o seguimos en que uno dice que sí y el otro que no?
Es inadmisible que por culpa de un par de políticos que están de paso, las obras necesarias se retrasen lo indecible. Y es hasta obsceno que como consecuencia de ello una veintena de personas no puedan ser debida y dignamente atendidas, como les ampara el hecho de ser seres humanos, y sus respectivas familias vean mermada su libertad personal y su salud al negárseles el respiro que supondría la entrada en funcionamiento del CAMP.
He sido testigo numerosas veces de la prolongación hasta la madrugada de las reuniones de partido para cerrar esta o aquella conspiración para elegir presidente o para provocar alguna moción de censura aquí o allá. He sabido de discusiones marathonianas para cerrar un pacto o mantener el existente pues peligran nuestras poltronas ysueldos. Pero jamás nadie me ha contado, ni yo he visto, encerrarse a dos políticos con sus técnicos en un despacho cualquiera, las horas que hagan falta, y salir de allí con una solución que mejore la calidad de vida de los ciudadanos.
Prueben con el CAMP. No me creo que en una tarde no se llegue a un acuerdo.
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