Mortadelo y Filemón

 

 

Jaime Puig

[Martes, 17 de marzo de 2009]

 

 

 

 

 

 

No sé bien a quien adjudicarle cada papel. Quizá por parecido lejano el rol de Mortadelo lo podría interpretar Miguel González, el Diputado Nacional del Partido Socialista. El de Filemón, claro está, corresponde a Carlos Espino. Cierto es que el personaje de Ibáñez tenía dos pelos y el Secretario General del PSC insular tiene más. Tiene un pelo para los lunes, otro para los martes, cinco más para el resto de la semana, uno para el Cabildo, otro para el partido, la EPEL le ocupará alguno, Dimas también recibe y hasta su peluquero colecciona. Tiene, Espino, tanto pelo a fuerza de tomárselo a la gente. La opinión pública, fundamentalmente.

El esperpento al que hemos asistido a cuenta de la no-demolición del Papagayo Arena es, en efecto, digno de episodio de Mortadelo y Filemón. Aquel de Chapeau el Esmirriau, cuyo papel me niego a adjudicar a nadie. Elijan ustedes. Yo de Manolo Concepción, el director del hotel, nombraba empleados del mes a este dúo de comic. Foto con marco incluido en el caballete de recepción nada más entrar al mamotreto de marras.

Por hacer memoria (aunque ya este medio la hace): Un día, El País prepara el terreno y al día siguiente la Ministra del Medio suelta aquello del hotel en el centro de Madrid y añade la frase tan confusa de “cumple con toda la norma legal”. Al día siguiente se conoce que Carlos Espino tenía el día libre en el Cabildo y se marchó a Madrid acompañado de González, Miguel. Mortadelo y Filemón en “Objetivo, Costas”. La lían parda asegurando que una subordinada de la Ministra sigue empeñada en tirar el hotel, diga lo que diga la Jefa.

Pero es que resulta que en este mundo donde las noticias no corren, vuelan, la Ministra que no se enteraba de nada, coge y se entera de algo. En concreto se entera de que Mortadelo y Filemón traman algo con una empleada de ese ministerio. Y, naturalmente, se enfada. ¿Resultado? Allá que corren nuestros personajes a rectificar y decir Diego donde antes dijeron digo, trigo, Rodrigo y dos huevos duros. ¡Vaya tropa!

Y mientras tanto, las cuentas de la EPEL de 2007 (sí, de 2007) que siguen sin ser llevadas al Consejo de Administración y Los Aljibes sin conocer uso a pesar del medio kilo largo al mes que le cuesta la broma a los Centros Turísticos. Por poner dos ejemplos de cosas que Espino podría hacer en lugar de dedicar tantos esfuerzos en seguir aparentando que es un tipo duro y ultramegasostenible.

 

 

 

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