Mario Alberto Perdomo
[Viernes, 13 de marzo de 2009]
Nunca antes una balandra dio tanto que hablar. La Fermina, una embarcación pequeña, con cubierta y un solo palo, propiedad de Fermina García, donó su nombre a un islote en la marina de Arrecife. Luego llamado del amor, por aquello de la pasión desatada en los tiempos de la represión. De eso hace la tira. Lo sustancial es que la ciudad lleva más de 40 años aguardando incorporar esta pieza a su oferta de espacios públicos, pero no ha habido manera.
Arrecife lo tuvo en la mano cuando Manrique intervino en el islote, pero se abandonó la iniciativa y todo quedó en nada. Un punto negro más en el frente litoral. Más tarde y con buen criterio, los sucesivos consejeros lanzaroteños de Turismo en el Gobierno de Canarias relanzaron el proyecto hasta finalizarlo. Sin entrar a valorar si debió hacerse así o asao: no hay manera de alterar el pasado. Lo hecho, hecho está. Una vez concluidas las obras, es la Autoridad Portuaria de las Palmas, propietaria del islote, la que no ha facilitado su entrega a la ciudad, al exigir el pago de un canon. En eso se está ahora, aunque con un simbólico euro al año podría resolverse la cesión, teniendo en cuenta que el nuevo equipamiento existente ha sido costeado íntegramente por la Comunidad Autónoma.
Al finalizar las obras antes de las elecciones de 2007, el entonces consejero de Turismo del Ejecutivo autónomo se negó a inaugurarlas, decisión que le honra, puesto que las instalaciones no estaban para ser abiertas al público. Más tarde y tras los oportunos remates, se procedió a la inauguración y, desde entonces, permanecen cerradas aunque, curiosamente, la seguridad la costea el Ayuntamiento de Arrecife. Es una pasta al mes. Cuando se habla de la inoperancia de las Corporaciones Locales lanzaroteñas a la hora de agilizar inversiones, el ejemplo del Islote de Fermina ilustra las paradojas de la acción pública: ha conocido tres consejeros de Turismo en su recuperación última y aún sigue cerrado.
CC y PP cuentan con una mayoría suficiente en el Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria de Las Palmas como para proponer, sugiero, el desbloqueo de esta situación. Y quedarían estupendamente. Lo dicho: que el canon se fije en un simbólico euro al año. La lectura podría ser, más o menos, la de un regalo a la capital. Todo ello, con independencia de las gestiones que viene realizando el Ayuntamiento, permitiendo así dotar de contenidos a las instalaciones y hacerlas visitables: un renovado hito para la marina de Arrecife. En las actuales circunstancias, la ciudad no puede permitirse el lujo de que se impida el acceso al islote. Lo que se haga con él y el modelo de gestión son otro asunto, aunque no menor.
Cuando CC y PP, o cuando CC ó PP, se luzcan ante el Consejo de Administración y reciban el oportuno reconocimiento por ello (una cerrada ovación, por ejemplo), vendrá el momento de tomar otras decisiones. ¿Cómo se costea el mantenimiento? ¿Se cobra o no se cobra? ¿Explotación privada o pública? También esto debió pensarse antes, pero a lo hecho, pecho. La respuesta es: lo que sea mejor. Lo cual será el resultado de poner sobre la mesa las diferentes opciones, todas. Y hacer números. Descartada la ideal, la solución será la menos mala para el interés general.
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