Luis Mendiluce Farray
[Viernes, 13 de marzo de 2009]
Con la ministra hemos topado. El consejero de presidencia del Cabildo de Lanzarote, Carlos Espino, parece no dar tregua alguna a su particular cruzada ambientalista a pesar de ser cuestionado públicamente por la ministra Elena Espinosa. A buen seguro no cederá de quijotear mientras predica en el desierto un mensaje que es venido a menos por los máximos responsables de un gobierno liderado por su propio partido. Insólito.
En otros lugares con una mejor salud democrática, tanto Espino como la presidenta ya hubieran sido ninguneados tras un descalabro de este nivel. Pero claro, una vez más aquí en Lanzarote, las cosas siguen su propia inercia de infinita paciencia y no menos caradura.
En un alarde de claridad la ministra sentenció que el Hotel Papagayo Arena es legal y no procede su derribo. Tesis que va en contra de la mantenida insistentemente por un Cabildo que presume de estar por encima de lo humano y lo divino y que se niega a reconocer las evidencias que una y otra vez se han venido manejando en torno a este claro asunto.
La situación es sencilla: la ministra dice que la construcción no vulnera la ley de costas, a lo que Carlos Espino contesta que la “ministra no cuenta con la suficiente información” a este respecto. Y se queda más chulo que un ocho. Sin pestañear ni vaselina.
Las declaraciones de la responsable de medioambiente del Gobierno de España podrían ser no sólo un fracaso de la multimillonaria apuesta del cabildo por distraer la atención de la ciudadanía –a falta de liderazgo ante la crisis-, hacia un viejo debate que tiempo atrás daba un buen puñado de votos. La lectura política de la misma es comparable a una bofetada de marca mayor. Tanto que podría tener consecuencias muy serias en la cúpula del Partido Socialista en la isla, que falta le hace.
A falta de agitadores con los que seguir distrayendo la atención pública en un momento en el que el Cabildo adolece de un gobierno infartado, la imposición del mensaje único hace aguas a un ritmo tan acelerado que no da tiempo de digerir ideas. A estas velocidades de debates, informes y cruces de declaraciones, tanto Carlos Espino como la presidenta, están sumidos en un torbellino mediático que no les permite ver con claridad.
Los informes con malos datos económicos se acumulan y las encuestas van arrojando con frecuencia datos muy negativos en intención del voto. Llegan malos tiempos para el equipo de gobierno. La pobreza de los discursos durante el debate sobre el estado de la isla dan fe de ello ya que el ridículo fue descomunal, con lo que encima tampoco consiguen adoctrinar a una ciudadanía que muestra claros síntomas de agotamiento.
Así que ya puestos a morir en la guerra, Espino lidera un movimiento kamikaze que engullirá también a su entorno más inmediato. Lo advirtió hace unas horas él mismo al aceptar que si el ministerio le da la razón al Hotel Papagayo Arena, sería un duro golpe para el socialismo Lanzarote.
Pero hay que llegar más lejos. Debemos reconocer que si la ministra hubiera sugerido lo contrario el daño sería mayúsculo, pero no sólo en el PSOE sino más allá de sus filas, ya que se trataría de un tsunami económico de impredecibles consecuencias para toda la ciudadanía por el escaso favor que haría a una industria que muestra claros síntomas de debilidad y una sociedad necesitada de empleo y de otros mensajes más constructivos.
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