Se fue en silencio

 

 

Jaime Puig

[Jueves, 8 de enero de 2009]

 

 

 

 

Tal como quiso vivir. Hace unos meses llamé por teléfono a Don Nicolás (para mí de los pocos que merece el “Don” de entre los políticos insulares) y le propuse una entrevista. Don Nicolás de Páiz tenía una entrevista. “Una larga y pausada charla sobre lo que fue, lo que vivió, lo que es y a lo que asiste”, le dije. Pero se negó. Se escudó en que su condición de Adjunto a Diputado del Común le imponía discreción. Y no digo yo que no, pero tengo para mí que la discreción no se la dio el cargo sino que la llevó puesta desde siempre.

Quise recordar en esa entrevista aquella legislatura en la que presidió el Cabildo y que comenzó en 1987 en una madrugada electoral cuando llegaron los votos de los Independientes de Teguise para dar el triunfo al CDS y la presidencia del Cabildo a Nicolás de Páiz Pereyra. Ese mismo cuatrienio en el que compartió pacto nada menos que con Dimas Martín y Honorio García Bravo. La cosa acabó como el Rosario de la Aurora , claro.

Quería que me contara sus impresiones veinte años después. Que se abriera para los telespectadores de Localia y, con la venia del tiempo transcurrido, narrar lo entonces silenciado. Que siempre hay algo. Conociendo a Don Nicolás, era empresa difícil, pero por intentarlo nada iba a perder. Pero no hubo forma. Se lo ha llevado con él a ese sitio donde no molestan los periodistas.

Ciertamente a Nicolás de Páiz nunca le gustó el protagonismo. No pocas mañanas entre el 87 y el 91 compartí café y cigarrillo con Don Nicolás y su fiel escudero Cándido Reguera en el despacho presidencial del viejo edifico de León y Castillo. En una legislatura en la que se proyectaron la inmensa mayoría de las obras que con posterioridad ha hecho el Cabildo y en la que el Plan Insular de Ordenación del Territorio ya aparecía en los debates, Don Nicolás se negaba una y otra vez a “vender” la gestión realizada. “El pueblo no es tonto, Jaime”, decía.

Deliciosas mañanas repletas de confidencias en el Lanzarote de la prisa inexistente. Renovada diaria confianza en un pueblo que no era tonto. Que Nicolás de Páiz Pereyra siempre quiso creer que no era tonto… Gracias por los cafés y las charlas, Don Nicolás. Y gracias también por tantas lecciones de humildad y discreción que impartía.

Ya ve que la gente le recuerda con enorme cariño. Que su marcha ha provocado un sincero dolor entre la ciudadanía. Que hay corazones heridos. Que hoy Lanzarote ha perdido algo más que un poquito de su historia. Ya ve, Don Nicolás, que como usted me dijo tantas veces, en efecto, el pueblo no es tonto. Hasta siempre, Presidente.

 

 

 

 

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