
Mario Alberto Perdomo
[Lunes,6 de octubre de 2008]
En estos días se han escuchado las voces de algunos representantes públicos de la oposición proponiendo recetas contra la crisis económica. Contener el gasto corriente, realizar inversiones productivas, rebajar el sueldo de los gobernantes, retirar pluses de productividad aunque sean justos y merecidos… Son medidas que sugieren redimensionar a la baja los costes de las Administraciones Públicas, planteamiento que comparto en esencia. Así que les voy a dar dos ideas más, por si tienen a bien considerarlas y, llegado el caso, elevar alguna moción a este o aquel Pleno.
Como hay que empezar dando ejemplo para ser creíbles, lo primero sería que todos los liberados de la oposición renuncien a sus sueldos en todas las Corporaciones Locales. Ya que, mayormente, se dedican a pasear, charlar, tomar cortados y, entre tanto, a ocuparse de la vida interna de sus partidos, pues que sean sus partidos los que, en todo caso, corran con sus sueldos como liberados de la oposición. Y segundo, reducir de siete a cuatro los Ayuntamientos de la isla. El de la vuelta de arriba, el de la vuelta de abajo, La Graciosa y Arrecife y su conurbación. Habría que mover mojones y linderos, y trazar rayas nuevas, que es lo más fácil. Respetando las plantillas y tirando de planes de jubilación anticipada socialmente pactados, se reduciría sensiblemente el número de alcaldes, concejales y cargos públicos, abaratando la gestión de la cosa pública y simplificando el mapa político interno de cada partido y de la isla. De paso, se rebajaría el coste de los procesos electorales tanto para los contribuyentes como para las propias fuerzas políticas, que tendrían menos necesidad de recurrir a la financiación irregular y opaca y, con ello, aumentaría su grado de autonomía e independencia de los poderes económicos.
Pero, lo mejor de todo, es que habiendo menos cargos públicos, tendríamos una cantidad menor de personas con ganas de contar cosas ante un micrófono, lo cual sería un alivio impagable. El sosiego soñado. Aprovecharé que Fernando Prats está en Lanzarote este fin de semana para hablarlo con él a ver qué piensa... Y para tributarle en privado el afecto y el reconocimiento personal e intelectual que un segmento de la isla le adeuda y le niega. Y para echarnos unas risas, claro.
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