
Mario Alberto Perdomo
[Lunes, 22 de septiembre de 2008]
Canarias es la única Comunidad Autónoma del Estado en la que está prevista, por ley, que desaparezca la asignatura de francés como segunda lengua extranjera en 1º de Bachillerato. Lo curioso de la medida es que los alumnos afectados podrán recibir clases de francés en 2º de bachillerato, pero sólo con la mitad de horas semanales y después de un año en blanco. La medida será efectiva a partir del presente curso académico. El mundo al revés, la Consejería de Educación en Babia y pésima manera de empezar el curso por parte de las autoridades académicas.
Poderosas razones indican que el Gobierno canario ha errado. La primera es el claro perjuicio que se ha ocasiona a los alumnos que llevan cuatro años seguidos aprendiendo francés como segundo idioma, al ver interrumpidos sus estudios de manera inexplicable. Ello ha originado la protesta de centenares de padres y madres de alumnos del IES Blas Cabrera Felipe, quienes han firmado un escrito en contra de la desaparición de la segunda lengua extranjera en 1º de Bachillerato. Con esta acción, se suman a idénticas protestas que brotan en todas las Islas.
Una segunda razón es que la medida es inconcebible en una Comunidad Autónoma cuya economía gira en torno al turismo y en la que el dominio de los idiomas es sencillamente crucial. Cuantos más, mejor. Todo ello se ve agravado por cuanto, en enseñanza de idiomas, el sistema educativo canario se encuentra a la cola del español, y éste, a su vez, no se encuentra precisamente a la cabeza del europeo. Las consecuencias medidas en pérdida de competitividad y acceso al mercado laboral son evidentes.
Con la tercera razón dan ganas de agarrar por las orejas a las autoridades educativas para que miren hacia nuestro entorno geográfico. Muchos de los países continentales africanos con los que aspiramos a profundizar en las relaciones de vecindad, comerciales y de otro tipo son francófonos. Ósea, que aprendemos francés o lo tenemos muy crudo, si es verdad que hablando se entiende la gente. Así que no sólo hay que dar marcha atrás, sino apostar por el francés, garantizando su existencia como asignatura optativa y hasta acrecentando su presencia en el currículum de la enseñanza media. Y poner velitas al santoral para que a la Consejería no le dé por darnos griego.
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