
Mario Alberto Perdomo
[Lunes, 1 de septiembre de 2008]
Seguramente ninguna otra infraestructura insular tenga tan mala prensa como la caldera de Zonzamas, lugar escogido en su día para depositar los residuos que se generan en Lanzarote. Primero fue un vertedero, en sentido estricto, que puso colorado al colindante Yacimiento Arqueológico que lleva el mismo nombre, parcialmente excavado, Bien de Interés Cultural desde hace casi 30 años y con un equipamiento museístico a medio construir. La caldera es hoy un Complejo Medioambiental en donde se trata de forma integral los residuos pero, a pesar de los avances registrados por gestionarlos adecuadamente, se ha extendido la creencia de que aquello es un auténtico desastre: “Total, separar para qué, si en la planta los van a volver a mezclar y a enterrar”. Esta es la idea.
Hay razones sobradas para que haya calado entre la población la percepción de que Zonzamas sigue siendo un vulgar vertedero, al que llegan todo tipo de residuos y cuya actividad se reduce a enterrarlos y evitar que se produzcan combustiones espontáneas. Lo cual hoy no es cierto. Es posible que fuera cierto en el pasado, quizá porque las cosas no se hacían con fundamento y rigor medioambiental. Lo malo es que esto desanima a las personas que, de una forma responsable, buscan huecos en sus hogares y empresas para separar los residuos -papel, vidrio, plásticos…- y depositarlos, luego, en los contenedores habilitados para ello. Si se desalienta la separación en origen de los residuos, estas personas acabarán por arrojarlos, mezclados, al contenedor más cercano. Y que en Zonzamas se busquen la vida: pala y arena.
No puede haber gestión integral de residuos si la población no se implica, primero, reduciéndolos, y, segundo, separándolos en origen, facilitando y posibilitando su reutilización y su reciclaje. Pero lo malo es que se piensa que es una tarea inútil. Es prioritario combatir esta percepción y, para ello, el Complejo de Zonzamas debe operar casi como un reloj suizo, que es lo que se está en estos momentos. Sólo así, si la gente comprueba con sus propios ojos qué se hace con sus residuos, será posible implicarla en el proceso. De paso, ello posibilitará una mejor convivencia entre los dos Zonzamas, el Complejo y el Yacimiento Arqueológico. Que ya va siendo hora, por cierto.
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