
Mario Alberto Perdomo
[Lunes, 14 de julio de 2008]
Hay que hablar de Inalsa totalmente en serio. Y todas las partes han de hacerlo sentados en torno a una misma mesa con el deber de pactar qué hacer con Inalsa y cómo hacerlo. La primera tarea es compartir un mismo diagnóstico sobre la empresa pública Inalsa. Aclarado este extremo, las medidas correctoras surgen solas, así como el orden de prioridades a seguir.
La cosa es que Inalsa pierde dinero produciendo, distribuyendo y reutilizando el agua. Así que debe analizarse por qué. La razón es que, a los precios actuales del agua, los costes de producción son muy elevados. En una situación así, la mesa de diálogo debe encaminar su reflexión en una doble dirección. Uno, cómo reducir los costes de producción. Y dos, actualizar las tarifas. Todo ello para producir agua a un coste menor, obteniendo los recursos económicos que se necesitan para abordar, a corto, medio y largo plazo, su ambicioso e imprescindible programa de inversiones. Hay un tercer aspecto: cómo restaurar la tradicional cultura de ahorro de agua que imperó entre la población hasta hace un par de décadas. O, dicho de otro modo, cómo actuar sobre la demanda -y no sólo sobre la oferta- para reducir los consumos unitarios, que rayan el despilfarro. Y listo. Todo lo demás es ruido.
El problema central consiste en reducir los costes de producción. El coste principal lo genera el personal, rozando el 40%. Sus 193 trabajadores costaron 11,6 millones € en 2007, lo que significa que cada trabajador sale por un promedio de 60.000 €/año. El segundo coste lo ocasiona la compra de energía eléctrica, que se cifra en el 26%. Y el tercero, lo causa la necesidad de subcontratar a terceras empresas para que se hagan cargo de las averías y las reparaciones. Si a esto añadimos que de cada 10 litros que se producen, 4 se pierden en la red -¡23.000 toneladas diarias!-, ya tenemos el cuadro.
La plantilla es excesiva, ofensivamente cara e ineficiente; hay que centrarse en las energías renovables para producir energía eléctrica más barata y más limpia; hay que recolocar personal propio para que se haga cargo de las averías y las reparaciones; hay que reducir drásticamente las pérdidas que se producen en el suministro; y hay que actuar sobre la demanda, para que consuma menos agua. Más fácil, imposible.
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