Seder de Pesaj con Don Pinhas

 

Manuel N. González Díaz

[Viernes, 25 de abril de 2008]

 

 

 

 

 

Dedicado a Rebeca y Iacob

 

El viernes, no más llegar de Texas, vía Atlanta, Georgia, que hay que ver cómo el general Sherman, con los suyos, yanquis hambrientos, de marcha, arrasaron la ciudad, recibí una llamada para recordarme que debía estar antes de la puesta de sol en Madrid, para los preparativos del Seder Le Pesaj, kosher, naturalmente.Y me fui. Si toda mi vida fuera para añadir, ya fuera una coma, un punto, al relato de la Hagadá, habría valido la pena. Qué digo, sería algo verdaderamente excepcional, y muy respetable, y meritorio. Algo digno de alabanza. Porque es digno de alabanza cualquier comentario pertinente que añada algo al relato de la Salida de Egipto del Shemot (Éxodo). Cuento con una Hagadá, regalo de mi amigo Rabi Ruben Suiza, de Cape Town, que es la sefaradí de Ovadia Iosef. Don Pinhas también, y de tapa dura. El Seder de Pesaj es una noche de celebración, y de mucha alegría, así que agradecemos ser y estar, y en mi caso, en particular a las familias Bendahan, Cohen, Israel y Benarroch, y a sus hijos, todos, que me iluminan el rostro cuando los escucho, fluidos, recitar las plegarias, y jugar. El pasado miércoles llamó Domingo Ortega, de la Biblioteca Pública de esta Ciudad, para invitarme a una lectura, que debía hacer al día siguiente. Resulta que la lectura sería de algo escrito por mi, a lo que no doy mucho interés. Primeramente creí que debía leer, en voz alta, para otros, algún texto, y debía escoger. Lo propio hubiera sido la propia Hagadá, que es lo que toca, aunque esté avanzada la Cuenta del Omer, pero no, se trataba de alguna lectura de algo escrito por mi. Este año reeditan Los Ojos del Señor Cabra, que escribí hace 12 años, que es una crónica de un viaje a Mauritania, una expedición de un mes, febrero de 2005, por el desierto mauritano, o sea, una travesía de 6.000 kilómetros por el desierto, en 28 capítulos. Dos de ellos tratan de pensamiento judío, uno expuesto como explicación discursiva, el otro, una biografía sionista, la vida de Fritz Guggenheim. Pensé leer esta última. Pero caí enfermo y no pude ir a leer nada. Ocho menos cuarto de la tarde, hora de la plegaria de Arvit. A la sinagoga se va rápido, y a la salida, se sale despacio. No hay que temer demoras la noche del Seder, en la que estamos especialmente protegidos. El piadoso Efraim sale deprisa, y el viejo rabino, de andar lento, le pide que no vaya tan corriendo. Ya en casa, Don Pinhas, solemne, preside, la mesa, llama a ¡Atención!, e inicia el Kiddush. Hasta el más pobre debe vender su propia ropa, si no tuviera otra cosa, para comprar el vino de esta noche. Por fortuna contamos con unas botellas de Montefiore, regalo de los Rothschild. A mi me emociona el comentario del seder de los rabanim en B´nei Brak, en que discuten hasta la hora del Shemá, pero la cena hay que procurar acabarla antes de las 12 de la noche. Y la consideración sobre la recitación de la Hagadá en la noche de Pascua de Rabbi Eleazar ben Azaryah, cuando por su aspecto se diría que era un hombre de setenta años, delgado, canoso, débil, estado al que había llegado por el solo estudio, donde agradece a Ben Zoma la explicación: “Recordarás el día de la salida de Egipto todos los días de tu vida”, “los días de tu vida”, se refiere a los días, y “todos”, incluye las noches. A lo que los sabios dijeron: “Los días de tu vida” se refiere a los días en el tiempo presente; y “todos” se refiere a la inclusión de los días del tiempo del Mesías. A nosotros nos dan las dos menos cuarto de la madrugada. Llovía en Madrid, y aunque me acerqué hasta los aledaños del templo en taxi, a la vuelta me volví andando, feliz, despacio hasta el 180 de Bravo Murillo, de madrugada, feliz y lloviendo, y me enfrié, así que no he podido ir a leer nada en la Biblioteca Pública por lo del día del libro...El Día del Libro son todos los días, que incluye las noches, de todos los días, que incluye estos días, y los días del Mundo Venidero, así que disculpa, y saludos, amigo Ortega, y gracias por la invitación, y saludos a mi amigo José Cataño, que me dijo que vendría por la Feria, a él, especialmente, Jag Sameaj! Don Pinhas me recuerda a mi padre. Me he traído la primera parte de su biografía tetuaní, que tiene mucho interés. La segunda parte me la envían pronto. Quien sabe si algún día la presentamos en esta Isla por estas fechas..., ¿acaso no se trata de añadir algo?

 

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