
Mario Alberto Perdomo
[Miércoles, 16 de abril de 2008]
Mal momento para aumentar la presión fiscal derivada del Catastro y los tipos impositivos de los bienes inmuebles. La gente está que echa chispas tanto por las fuertes subidas cuanto por el momento en que llegan. Aumentar los impuestos en una coyuntura de desaceleración económica sólo puede generar malestar y enfado, como así ha sucedido. Y nada digamos si la desaceleración se convierte en recesión, cosa que no sería de extrañar dado el acojono reinante, pues con frecuencia la pérdida de confianza y el retraimiento psicológico ocasionan más daño sobre la marcha de la economía que la evolución negativa de tal o cual variable. Las protestas no se han hecho esperar y unos, los gobernantes, comienzan a reconsiderar la presión fiscal que sufren los vecinos, mientras que otros, los opositores, se encuentran de repente con una buena línea argumental para poner en evidencia a los primeros.
La polémica se ha desatado en un contexto económico negativo y también en el marco de la pésima situación financiera que, en general, envuelve a las Corporaciones Locales lanzaroteñas. El endeudamiento a medio y largo plazo de los ayuntamientos, así como el alto porcentaje de sus presupuestos que se destinan a gastos generales y corrientes, los han convertido en instrumentos ineficientes para administrar el interés general y resolver los crecientes problemas de la población, que cada vez más demanda mejores servicios, equipamientos y dotaciones de todo tipo. En una situación así, los ciudadanos difícilmente comprenden una subida de impuestos, a no ser que quien los sube presente unas cuentas impecables y una gestión primorosa, además de ofrecer servicios de primera calidad. A los contribuyentes les duele menos pagar más impuestos cuando verifican que esos ingresos están bien empleados.
Antes de pedir más, hay que cumplir con lo que se tiene. Las Corporaciones Locales tienen ante sí el desafío de gastar e invertir bien los ingresos que ya gestionan, y que la población lo vea, una condición necesaria para poder pedir mayores sacrificios a los contribuyentes. Si no se procede así, los vecinos harán lo posible por no pagar y se quejarán con razón. Una vez más, la modernización de las haciendas públicas locales aparece en el primer plano de las tareas pendientes.
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