¿Qué fue del deslinde de la Playa de los Pocillos?

 

Javier Sánchez

[Lunes, 14 de abril de 2008]

 

 

 

 

En el año 1988 la Asociación Cultural y Ecologista El Guincho, entonces presidida por Ginés Díaz Pallarés, promovió, con el impagable apoyo de César Manrique, una impresionante movilización de ciudadanos de Lanzarote en defensa de la Playa de los Pocillos, intentando impedir la usurpación de parte de la playa por la ejecución de las obras de construcción del Apartotel Las Costas.

También desarrolló El Guincho una notable tarea de presión ante las Administraciones Públicas (Ayuntamiento de Tías, Cabildo Insular de Lanzarote, Gobierno de Canarias y Administración General del Estado) presentando numerosos escritos en defensa de la playa y de las demás pertenencias del dominio público marítimo-terrestre, sobresaliendo entre ellos los escritos oponiéndose a las obras del citado apartotel y solicitando la práctica de un nuevo deslinde de la Playa de los Pocillos.

Se trata de un ejemplo verdaderamente notable de la forma en que se han hecho las cosas aquí en Lanzarote en los últimos años, y de cómo se siguen haciendo, para ventura de unos pocos y desgracia de la mayoría. Muchos verán aquí un auténtico “modus operandi”, si resulta ser cierta la denuncia que hacía El Guincho “para desenmascarar un artificio catastral y desvelar una operación de ingeniería inmobiliaria digna de figurar en un manual”.

Según se relata en el documento (que, por su interés, colgamos aquí abajo), la promotora del apartotel se apropió de una parte de la playa (apreciación acreditada por un dictamen científico obrante en el expediente de deslinde) basándose en una supuesta “posesión inmemorial” y en un título de propiedad que decía que los terrenos lindaban con la “zona marítimo-terrestre”.

Como cuentan las hemerotecas, el apartotel se construyó y se consumó la apropiación descarada de una parte de la Playa de los Pocillos, siendo especialmente penosa la actuación del Ayuntamiento de Tías, que primero suspendió la ejecución de las obras invocando la “alarma social” que se había generado y el riesgo de que se produjeran conflictos públicos, y posteriormente sucumbió a las presiones de los promotores, con sólidos apoyos en las altas esferas del Partido Socialista (concretamente, de Txiki Benegas, entonces Secretario de Organización del PSOE). Pero parece evidente que también fallaron estrepitosamente las demás Administraciones Públicas, y que finalmente se permitió la apropiación de un bien que es de todos, mediante una cuidadosa y calculada manipulación de la normativa urbanística.

Pero El Guincho, entonces gobernado por gente lúcida, y donde se trabajaba mucho y bien, persistió en su empeño de reclamar un nuevo deslinde de la playa de Los Pocillos, y siguió insistiendo ante la Dirección General de Costas hasta que en el año 1998 fue requerido para la formulación de alegaciones en el expediente de deslinde. Posteriormente, cambió la directiva de El Guincho y no tenemos noticia de que la organización persistiera en tan noble empeño, ni de que la Dirección General de Costas culminara el expediente de deslinde.

Recientemente, hemos sabido que el documento “Estrategia para la sostenibilidad de la costa” en la isla de Lanzarote contempla en su programa de actuaciones de “eliminación de ocupaciones del dominio público” la “demolición del Hotel Las Costas en la Playa de los Pocillos”, es decir que se proyecta rescatar la playa de la que se apropiaron los promotores a costa de una cuantiosa inversión pública, derroche que habría resultado innecesario si las instituciones públicas hubieran funcionado debidamente y hubieran acogido las pretensiones de El Guincho y de los miles de lanzaroteños que se movilizaron en aquella histórica ocasión.

Vale, pues, habrá que gastarse la pasta, pero dejemos claro lo que pasó, que los ciudadanos tenían razón y se produjo una vergonzante ocupación del dominio público con la colaboración directa o la pasividad negligente de todas las instituciones públicas. Y para dejar eso claro es imprescindible culminar el expediente de deslinde de la Playa de los Pocillos, donde se demuestra científicamente que el hotel se asienta sobre la playa. Por eso le pedimos públicamente a nuestro flamante senador, don Marcos Hernández, que aproveche sus buenos oficios ante la Dirección General de Costas, para pedirle que culmine de una vez el expediente de deslinde, que es, además, un requisito imprescindible para poder plantearse el expediente de recuperación de la playa y de las demás pertenencias del dominio público litoral.

En la “Cronología de antecedentes” que El Guincho adjuntaba a su escrito de alegaciones se sitúa la operación de apropiación de la playa en el contexto de las rocambolescas operaciones urbanísticas previas que la hicieron posible. Un buen ejemplo que sirve para refrescar la memoria, porque para que esta operación fuera posible resultaba imprescindible la “cooperación necesaria” de cargos públicos, funcionarios y profesionales apropiados para estas operaciones de ingeniería inmobiliaria. Y este cóctel me suena de algo.

No se quejará, Senador, le damos el trabajo medio hecho. Ahora, a currar, esperando que en el momento que corresponda comparezca públicamente para dar cuenta de sus actuaciones al respecto.

 

 

 

- Los Pocillos, un resumen cronólogico y documental

- Alegaciones de El Guincho ante la Dirección General de Costas

- Alegaciones de El Guincho ante el Ayuntamiento de Tías

 

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