Grandes temas

 

Mario Alberto Perdomo

[Miércoles, 26 de marzo de 2008]

 

 

 

 

 

 

 

Las corporaciones locales y los partidos políticos tienen entre sus manos un puñado de temas sobre los que hay que ponerse de acuerdo a la mayor brevedad. Son viejos temas no resueltos que permanecen enquistados y sobre los que no se ha conseguido alcanzar un amplio consenso para sacarlos adelante. La legalización, hasta dónde se pueda, de los hoteles construidos contra la ordenación insular está estrechamente ligada a la Revisión del Plan Insular de Ordenación del Territorio, y éste, a su vez, al desarrollo de la reclamada oferta complementaria de ocio. Sobre estas tres patas descansa el modelo territorial y turístico que la isla se dará en el futuro, por lo que lo sensato es abrir un proceso de diálogo amplio y transparente que busque la concertación. Con dos condiciones: que el negocio privado y la avaricia no primen sobre el interés general y que no se premie a quienes han vulnerado sistemáticamente las leyes y se han opuesto a los avances en materia de planificación territorial.

En un escalón inferior, ocupa un lugar central la ciudad de Arrecife y su conurbación. Aquí, sobresalen dos aspectos: la Revisión del Plan General de Ordenación y la inserción del Puerto en la ciudad, en el marco de un modelo de ciudad que debe buscar la eficiencia y la habitabilidad. En este ámbito territorial se encuentran las dos grandes infraestructuras estratégicas de comunicación, el puerto y el aeropuerto, que hay que potenciar hacia el futuro, ya o ya. También en Arrecife y su conurbación han de programarse otros anhelados equipamientos, como el Auditorio-Palacio de Congresos, el Recinto Ferial Polivalente y el Hospital General del futuro.

El Cabildo y el Ayuntamiento de Arrecife, el PSOE y el PIL, son los llamados a ofrecer a los demás un proyecto de isla pactado en sus rasgos básicos y que quede al margen de las disputas partidistas y de los intereses económicos particulares. Son los llamados a convocar el diálogo y buscar un acuerdo de mínimos, aún a sabiendas de que habrá quien se siente con la intención de torpedear el entendimiento, aunque diga lo contrario, y quien esté dispuesto a sentarse sólo si es para que se le dé la razón en todo. De estos personajes empezamos a estar hartos. Por egocéntricos y vanidosos. Técnicamente, unos psicópatas.

 

 

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