Contra Lanzarote

 

Mario Alberto Perdomo

[Miércoles, 26 de marzo de 2008]

 

 

 

 

 

Cada uno tiene en la cabeza su propia idea de Lanzarote y, además, unos pocos la quieren tener en el bolsillo. En exclusiva. Esto es lo que hay y lo demás sólo es ruido. El País no ha agredido mi concepción de Lanzarote al publicar lo que ha sido publicado hasta la saciedad en todos los medios de comunicación locales. Pues no, qué quieres que te diga. Al contrario: mi imaginario insular se ha visto reforzado.

Hemos asistido a una nueva dosis de más de lo mismo. Para algunos, la isla es una extensión de su visión mercantilista de la vida, un territorio sobre el que hacer negocio hasta el infinito, así reviente. Para que tales actividades sean muy productivas, esos algunos necesitan silencio. Y cuando no lo hay, tratan de imponerlo dentro y fuera. Fuera, controlando la propaganda que se difunde en el exterior para que sus negocios inmobiliarios y urbanísticos prosigan y prosperen. Dentro, tratando de acallar las voces discrepantes y de aniquilar cualquier brote de pensamiento crítico. A esto se reduce lo acontecido la pasada semana. No es nuevo. Lo sufrió Manrique en varias ocasiones, luego la Fundación que creó, también los movimientos ecologista e intelectual comprometido y, de último, el movimiento ciudadano que optó por dar el salto a la vida política, así como las cabezas más destacadas en estos procesos.

Lo bueno que tienen estos acontecimientos es que remueven la aparente calma chicha en el devenir económico-político, provocando que cada cual explicite dónde está. Queda en segundo plano la ambigüedad y se muestran los auténticos rostros y las verdaderas intenciones de las personas. Aclaran el panorama. Unos reclaman pasar página, impunidad e inmunidad, sepultando sobre toneladas de olvido que son los responsables de la crisis de sobre producción alojativa que se ha venido padeciendo en los últimos años al poner en el mercado más de 20.000 plazas turísticas, por otro lado ilegales. Esos unos culpan de los males insulares a quienes reclaman justicia y depuración de responsabilidades.

Unos quieren de Lanzarote el paraíso inmobiliario en la Tierra. Otros se ponen el casco y se limitan a aguantar las pedradas que caen del cielo. De nuevo se discuten concepciones antagónicas de isla, modelos encontrados de desarrollo. Va a ser muy duro.

 

 

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