
Mario Alberto Perdomo
[Jueves, 28 de febrero de 2008]
Recién acaba de empezar y más bien parece que llevemos meses inmersos en plena campaña electoral. La sensación tiene su fundamento. Será debido a la fuerte oposición a la que el PP ha sometido a Zapatero desde el día después de las pasadas elecciones, agravada por el férreo marcaje que sobre López Aguilar han hecho CC y el PP desde que fue nominado candidato a la Presidencia del Gobierno de Canarias. Eso por ahí arriba, unido a los tiempos preelectorales, incluidos los medidos procesos preelectorales para hacer boca, movilizar a los propios y tensionar la cita con las urnas.
Por aquí y quitando a CC, el resto de las fuerzas políticas han ido a lo suyo. Unos tratando de ofrecer estabilidad a las instituciones y sosegar el ambiente de crispación política y social, y otros recuperándose del esfuerzo realizado durante el pasado mandato estando en la oposición. CC se puso las pilas en la misma noche del recuento de los votos emitidos en la cita de las locales y ahí sigue, tratando de recuperar espacios en compañía de un PIL al que veo yo poco animado, como si ya hubiese conseguido sus objetivos.
Por lo demás, el PNL-NC sigue a lo suyo, a la conquista de un diputado por la circunscripción de Las Palmas, mientras que Alternativa e Isla están como están, cambiando de tabla a medida que pasa el tiempo. Empezaron sumando, se pasaron a la multiplicación, se vieron inmersos en la división y ahora van de la mano de la resta de forma permanente. ¡Cuánto esfuerzo dilapidado! Una lástima, porque va a costar años recomponer ese espacio. Parece ser que, además de los conocidos y consolidados, concurren a las elecciones docena y media más de partidos políticos, tanto al Congreso de los Diputados como al Senado, despertando escaso interés entre el personal. Seguramente porque aquí percibimos el 9-M como una segunda vuelta de las autonómicas y locales, me temo, para marcar tendencias, como en la moda.
Pero sí, parece que llevemos meses y meses de campaña en estado puro. Eso cansa y distrae. Menos mal que los cara a cara entre Rajoy y Zapatero actúan como un revulsivo motivando al electorado, a la vez que polarizándolo hasta un punto tal que da la sensación de que sólo dos fuerzas concurren a estas elecciones. Demasiado larga una campaña que dura cuatro años.
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