
Mario Alberto Perdomo
[Miércoles, 27 de febrero de 2008]
Los periódicos más leídos, las emisoras de radio más escuchados, las televisiones más vistas... ¿Quién sabe? Hasta ahora no había manera de saberlo. Pero cuando se inicia un proceso para conocer los datos sobre audiencia de medios de comunicación, los resultados de la primera oleada generan descontento en casi todos. ¿Por qué ha existido tan poco interés en conocer las cifras reales de audiencia de los medios? La respuesta, creo, está estrechamente ligada al ámbito de negocio de las empresas de la comunicación: los ingresos por publicidad, de procedencia tanto pública como privada. Ello explica en buena medida el malestar que ha generado el estudio encargado por el Cabildo, a fin de cuentas y de largo el primer cliente de los medios de comunicación insulares.
Los resultados son los que son. Habrá que esperar a sucesivas oleadas para observar cómo evoluciona la audiencia y, en lo posible, para mejorar la metodología que se aplica con el fin de que no se infravalore el potencial de aquellos medios cuya imagen de marca está muy vinculada al tirón de su profesional estrella. Pero, con todo, lo importante es que hay una primera fotografía que complementa la que se realizó a finales de 2004, y que sirve de pauta, de un lado, a los lectores, los radioyentes y los televidentes, y, de otro, a los anunciantes. Estos últimos pueden optimizar sus inversiones en publicidad diversificando la asignación de partidas por medios y por franjas horarias, buscando el máximo impacto al mínimo coste sin que les valga ya que les cuenten que tal o cual es líder de audiencia sin aportar un solo dato.
Está en entredicho la viabilidad económica de muchas empresas periodísticas. La llamada tarta publicitaria tiene el volumen que tiene y, a mayor número de comensales, menores serán los trozos a repartir. Por eso la encuesta encargada por el Cabildo es el comienzo de algo cuyo alcance aún no está muy claro. Lo que sí está claro es que quien quiera sobrevivir ha de pensar en nuevos registros en el ejercicio de la actividad periodística. La profesionalidad, el primero. La integración de proyectos, el segundo. La fortaleza económica, el tercero. La autonomía financiera, el cuarto. Y el último es la información de calidad: lo más objetiva, imparcial y plural posible.
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