
Mario Alberto Perdomo
[Lunes, 18 de febrero de 2008]
Las obras comenzaron en los años sesenta del siglo XX y permanecieron paralizadas durante décadas. Con el paso del tiempo, el Islote de Fermina se convirtió en un punto negro en pleno corazón de la marina de Arrecife, hasta que un buen día se abordó el problema desde la Consejería de Turismo del Gobierno de Canarias. Empezó Juan Carlos Becerra y terminó Manuel Fajardo Feo. Concurso público, proyecto ganador, proyecto que se desecha, intervención que se reorienta… Y así hasta el día de hoy, mediando la colocación de un acceso de piedra y su posterior retirada para instalar un disonante puente de madera en su lugar.
Con buen criterio, Fajardo Feo renunció a la tentación de inaugurar la obra antes de las elecciones autonómicas y locales del año 2007, ya que si aquella no estaba para ser entregada y proceder a su apertura, mejor esperar y hacer las cosas con fundamento. Ahora parece que la actuación está casi a punto, aunque no está claro el uso que finalmente se le dará al lugar. Se han barajado varias posibilidades, que van desde la explotación municipal del recinto a la concesión a un operador privado mediante el pago de un canon, pasando por la gestión por parte de los Centros de Arte, Cultura y Turismo. Próximamente lo sabremos, quizá antes del día 9 de mayo. ¿Será libre el acceso o habrá que abonar una entrada? Me da que aquí reside la gran duda asociada al tipo de utilización que se decida darle al espacio.
Aunque de aquella manera, los islotes van mejorando tras la actuación en Fermina y la eliminación de la zona de aparcamiento de vehículos frente al Castillo de San Gabriel, a la espera de que se encuentre una salida para el Francés, cuya vocación natural es erigirse en un espacio de usos y equipamientos públicos. Sea de una u otra manera, somos muchos los que sentimos la curiosidad de reencontrarnos con el islote, recorrerlo, mirar la fachada de la ciudad de frente y a la cara, observar el resultado final de la intervención y, llegado el caso, incorporarla a nuestros ratos de esparcimiento. Por el camino, abriremos un breve y desapasionado debate sobre si quedó bien o si hubiese sido mejor hacerlo de otra manera, como hacemos con casi todo testimoniando que nos interesa el espacio público y lo que se nos propone para mejorarlo.
[Condiciones de uso | | ]