El distribuidor

 

Mario Alberto Perdomo

[Viernes, 15 de febrero de 2008]

 

 

 

 

 

 

Entre el sector agrario y los consumidores media una pared que se llama distribución. Los productores cultivan tomates, uvas, papas o arvejas; obtienen leche, huevos o carne; elaboran queso… Obtienen frutos de la tierra y llevan una vida campestre muy bonita en apariencia, pero muy dura en realidad. Sobre todo, porque el distribuidor paga poco y tarde al agricultor y al ganadero, a pesar de que vende muy caro al consumidor. Por lo tanto, tenemos la pared de la distribución alimentaria, y a cada lado, dos sectores: productores y consumidores. En una parte, los productores se dan de cabezazos contra la pared, que ni se inmuta. En la otra, tanto de lo mismo ocurre con los consumidores.

El Índice de Precios al Consumo se ha disparado en los últimos meses y una de las razones que lo explica es el coste de la alimentación. El motivo de tan importantes subidas estribó en el aumento de los precios en origen, en la producción. Pero, al poco, y al aumentar la oferta, los precios en origen volvieron a estabilizarse. Sin embargo, esta circunstancia no ha sido trasladada a los precios finales, con lo que el consumidor no ha notado el cambio en su bolsillo y sigue pagando lo mismo. Si el productor sigue igual que como estaba y lo mismo pasa con el consumidor, la conclusión es obvia: el distribuidor se está embolsando la diferencia y ahora gana más por vender lo mismo.

El centro del debate se ha situado en los márgenes de la distribución alimentaria, que muchos consideran abusivos. Aprietan tanto a agricultores y ganaderos que éstos se ven obligados con frecuencia a vender sus producciones por debajo de sus costes reales. En el otro lado de la pared, los consumidores están pagando precios muy por encima del coste real de los productos. De ahí que se esté hablando de dos cosas. Una, transparentar el mercado para que circule la información. Dos, acercar lo más posible a productores y consumidores para reducir los efectos perniciosos de la intermediación o, si se quiere, de la distribución alimentaria, que no está aplicando márgenes razonables a su gama de productos, sino lo que le parece.

La creación de un mercado de abastos que acerque a los productores agrarios de la isla a los consumidores es una medida irrenunciable en esta época en la que vivimos.

 

 

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