
Mario Alberto Perdomo
[Miércoles, 13 de febrero de 2008]
Ya no sé ni qué pensar sobre Antón Hernández. Me tiene completamente desconcertado. Me imagino que en la misma situación de desconcierto se encuentran tanto los electores del PIL como un buen puñado de cargos orgánicos y públicos. Como acaban de recordar los afectados del Morro del Angelito, antes de las elecciones el presidente pilista y entonces candidato a la Alcaldía de Arrecife, Antón, arremetió contra el Plan General promovido por la anterior alcaldesa, jurando y perjurando que era malo malísimo y que lo tumbaría en 48 horas. Han pasado ocho meses y no sólo no lo ha tumbado, sino que se ha empeñado en mantenerlo vivo, al igual que al jefe del equipo redactor, Senante. ¿Qué puede hacer que un hombre cambie repentinamente de opinión ante un asunto tan crucial?
A ver… Creo que Antón está en todo su derecho de cambiar de opinión y percibir como algo bueno buenísimo lo que ante de las elecciones era territorio de Satán y su corte. Faltaría más. Pero también creo que si, antes de las elecciones, hizo bandera del derribo del Plan General de María Isabel Déniz y Senante, incorporó esa oposición tanto a su discurso político cuanto a su programa electoral, pidió el voto manejando tales argumentos y se ganó la confianza del electorado, entonces Antón ahora tiene un problema. No el resto de las personas que seguimos pensando lo mismo. El problema es de Antón. ¿Qué puede hacer un hombre que cambia repentinamente de opinión ante un asunto tan crucial?
Cuando un hombre cambia repentinamente de opinión ante un asunto tan crucial como es la tramitación de un Plan General que concita un rechazo tan mayoritario, puede hacer tres cosas. Una, pedir perdón y recoger velas. Dos, pedir perdón e irse a su casa por defraudar la confianza en él depositada. Tres, pasar de todo, seguir adelante, enfadarse con todo aquel que no le siga a pies juntillas y anunciar que vuelve Senante. Le falta decir que también traerá de la mano a María Isabel Déniz. Llegados a este punto, los que seguimos en el mismo sitio ante el Plan sólo podemos hacer una cosa: salir del desconcierto. ¿Cómo? Pues tratando de entender. O nos engañó entonces, o nos engaña ahora, o nos engañó entonces y ahora, o es un topo, o es una nueva versión de María Isabel. O le faltan luces (políticas).
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