
Antonio Lorenzo
[Miércoles, 13 de febrero de 2008]
En algunas ocasiones hemos comentado el fenómeno que un insigne jurista, el Notario don Marcos Guimerá Peraza, denominó “pleito insular”, y que tantas pruebas de insolidaridad ha supuesto en las relaciones entre las dos islas capitalinas canarias. Si tú tienes tantos kilómetros de muelle, yo tengo que tener los mismos, aunque no haya barcos que atracar; si tú tienes un auditorio, yo tengo que tener otro, aunque en muchas ocasiones, por lo minoritario de la afición musical, los conciertos se den, como se dice vulgarmente “en familia”. Si una tiene tren, como Santa Marta, la otra ha de tener metro que horade media capital. En tu tierra se cometen tantos delitos al año, pero en la mía se cometen muchos menos. Y lo de tener un aeropuerto o dos, ¡no me digan! Ahora, en la época carnavalera, es cuando más se ponen de manifiesto estas reivindicaciones, si bien, y hay que agradecerlo, mediante el reconocido humor de las murgas. Nos parece imperdonable que los políticos, éstos sin humor y con caras de pocos migos, hagan reivindicaciones tan absurdas como celebrar por todo lo alto, la efemérides de la división provincial, cuando casi ha transcurrido bastante más de medio siglo del acontecimiento; y no menos rechazable que otra isla reaccione para celebrar, también con todos los fastos, el hecho de que, hasta esa división, fue la capital del Archipiélago. Menos mal que una emisora de radio que oigo todas las mañanas dice casi textualmente, en su pronóstico meteorológico: “La mayor temperatura en las Islas Canarias; veintidós grados centígrados, tanto en Tenerife como en Las Palmas”. Pienso que si algún día, en una de las capitales se pronostica algún grado por debajo de la otra, acusarán al Sol, nuestro Astro Rey, de ser chicharrero o canarión.
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