22 de febrero

 

Mario Alberto Perdomo

[Lunes, 11 de febrero de 2008]

 

 

 

 

 

 

La fecha del 22 de febrero está a sólo 15 días de las elecciones generales, que se celebran el domingo 9 de marzo. Ese día, el 22, puede llegar a recalentar la campaña electoral hasta niveles insospechados a no ser que impere el diálogo y las ganas de entenderse. Porque ese día, el 22, puede llegar a producirse una huelga general conjunta de los trabajadores públicos de la educación y la sanidad. Si se produjera, eso arrequinta, con independencia del grado de participación. Por eso lo sensato es que la Administración autonómica escuche a quienes protestan y se comprometa en firme a resolver la problemática de ambos sectores, y que afecta no sólo a los colectivos de trabajadores, sino a dos millones de usuarios. Nos afecta a todos.

En principio, sólo Intersindical Canaria (IC) parece dispuesta a convocar la huelga general, reconociendo que se trata de una medida de presión para forzar al Gobierno a sentarse a negociar. IC es consciente del calado de su postura a las puertas de una cita electoral, máxime cuando se intenta sumar a la convocatoria a otros segmentos de la Administración Pública. Los objetivos son mejorar la calidad de los servicios, cambiar la política de privatización y ofrecer mayor calidad en las condiciones laborales.

Todo el que tiene un problema con el sector público aprieta las clavijas a los gobernantes cuando se aproxima una cita con las urnas, que es el período en el que los cargos públicos se muestran más sensibles y receptivos. O te sientas, escuchas y resuelves o hago campaña en tu contra para que no te voten. Son palabras mayores que ponen de los nervios a los partidos políticos implicados y a las autoridades. De ahí que cuando se producen estos acontecimientos, con demasiada frecuencia los gobernantes se limiten a decir que sí a todo lo que se les propone, tratando de eludir los conflictos y el castigo en las urnas.

No sólo es legítimo sino que resulta imprescindible aspirar a la mejor sanidad y educación posibles. Nos va la vida en ello y no hay otra que la permanente mejora de ambos servicios públicos. Pero las soluciones no llegarán si ambas partes se atrincheran en su verdad y acusan a la otra de mostrarse inflexible. Hay dos semanas por delante para entenderse antes de que la huelga general sea inevitable.

 

 

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