
Mario Alberto Perdomo
[Miércoles, 6 de febrero de 2008]
La indiferencia de los demás, sobre todo si proviene de las Administraciones Públicas, duele mucho más que la enfermedad que se padece, no hay duda. Un buen día, e l Sindicato de Empleados Públicos de Canarias en Sanidad del Área de Salud de Fuerteventura denunció públicamente las carencias existentes en los centros de atención primaria de la isla, afectando gravemente a la población majorera. Centros sin ascensor, sin teléfono o sin servicios como la extracción de sangre o las radiografías conforman un panorama desolador, al que la Gerencia ha respondido con el silencio. Al día siguiente, las ONGs de Lanzarote y Fuerteventura implicadas con la salud se plantaron juntas para reivindicar un conjunto de necesidades básicas que hasta ahora no han sido atendidas, entre ellas Afol o El Cribo. La primera agrupa a los familiares de enfermos oncológicos y la segunda a los pacientes psíquicos.
En el ámbito de la salud, se dan muchos problemas coincidentes en las dos islas majoreras. Por las razones que fueren, la pujanza económica y demográfica registrada en los últimos lustros no se ha visto reflejada en la prestación de servicios públicos y en los equipamientos esenciales, como la sanidad. Así que las organizaciones civiles implicadas con la mejora de salud se han aplicado el dicho que más o menos dice: si solos no podemos, unámonos, que juntos sí podremos. Lanzarote, con 138.000 habitantes de derecho y Fuerteventura con 110.000 a 1 de enero de 2008, a los que habría que sumar los residentes no censados que consumen recursos públicos, exigen soluciones estables y estructurales a sus muchos problemas. No es de extrañar que, al menos en el caso de Lanzarote, casi un tercio de la población considere la sanidad como el tercer problema insular.
La administración autonómica está tardando en diseñar, presupuestar y temporalizar la ejecución de un plan de medidas urgentes para ambas islas majoreras que pongan al día sus necesidades básicas.
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