Carpetazo a los estudios superiores de Artes Plásticas y Diseño en la Escuela de Arte 'Pancho Lasso'

 

José Ramón Betancort Mesa

[Lunes, 4 de febrero de 2008]

 

 

 

 

La noticia, sin anestesia, viene a decir algo así como que “El Gobierno de Canarias, a través de la Consejería de Educación, Universidades, Cultura y Deportes, ha puesto en conocimiento a la Escuela de Arte “Pancho Lasso” de Arrecife de Lanzarote que ha desestimado la posibilidad de poder implantar en dicho centro los Estudios Superiores de Artes Plásticas y Diseño”. Fin del teletipo. Así de escueta parece ser la resolución gubernamental que nos deja fuera de la parrilla de salida para que en el curso 2008-2009 puedan impartirse en la isla dichos estudios, con lo cual se nos abren mil dudas sobre lo que podrá pasar a partir del año 2009.

Y, como siempre ocurre en estos casos, lo mejor de todo este despropósito es que parece no haber razones técnicas de peso. Bueno, sí que las hay y las sabemos todos. A saber: la implantación de algunos de los estudios superiores de Artes Plásticas y Diseño en Lanzarote vendría a romper la especial concepción del equilibrio capitalino-territorial que tiene Gran Canaria y Tenerife a la hora de gestionar los servicios públicos educativos de todas y cada una de las Islas Canarias. Y, por supuesto, las enseñanzas artísticas superiores no iban a ser una excepción. En efecto, hoy puede presumir el Gobierno de nuestra comunidad autónoma de tener bien centralizados y repartidos, estratégicamente, no sólo los estudios de conservatorio de música y danza sino también, a partir del próximo curso, las enseñanzas artísticas superiores. Dicho queda. Que sepa todo el mundo que la educación artística especializada en Canarias es patrimonio de los centros formativos de Las Palmas de Gran Canaria y de Santa Cruz de Tenerife. Que no ose ningún otro peñasco insular contrariar esta ecuánime decisión, so pena de alterar el orden de la formación en el ámbito regional.

De nada parecen haber servido los más de 90 años de experiencia docente que lleva la Escuela de Arte “Pancho Lasso” en el campo de la formación artística y profesional en Lanzarote. Para nada sirve la experiencia educativa acumulada. Lejos queda ya la fecha de 1913, cuando desde Madrid se autorizara la apertura de este casi centenario centro, bajo la denominación de “Escuela de Artes y Oficios” en la olvidada capital de la isla de Lanzarote. Valoramos ese señero y venturoso acontecimiento educativo de principios del siglo XX como una parte clave de nuestra intrahistoria insular y se nos presenta como un hito glorioso que en nada se compara con esta mezquina decisión gubernamental canaria que hoy nos ocupa. Una política autonómica siempre más pendiente de cuestiones de repartos y equidades matemáticas entre Las Palmas y Santa Cruz, que de organizar, gestionar y planificar, con justicia y fundamento, el futuro formativo de los que residimos en estas islas y que queremos mejoras y progresos en nuestro sistema educativo.

La historia no es nueva. Insisto. Buena parte de las legítimas aspiraciones e ilusiones educativas para con Lanzarote duermen en una especie de limbo dichoso a la espera de que los órganos gubernamentales locales y regionales se dignen sacarlas de su letargo glorioso. Vaya un par de perlas que yacen olvidadas en las gavetas institucionales. El Campus Universitario de Arrecife es una quimera que, cada año que pasa, parece más lejana e incierta. La implantación del grado medio de los estudios profesionales de música en el Conservatorio Insular es otro de esos proyectos que siempre encuentra una piedrecita nueva en el camino hacia su apertura. El sablazo de última hora dado a la Diplomatura de Ciencias Empresariales en Arrecife, cuando en octubre pasado ya se tenían todos los parabienes institucionales, es otro de los muchos desplantes a los que la administración centralista de las islas capitalinas nos tiene más acostumbrados de lo que debiera. Y hoy, como guinda, nos encontramos con el carpetazo dado a la posibilidad de tener en Lanzarote unos estudios artísticos superiores. Y la culpa no es otra sino de quienes gestionan y dirigen nuestra Consejería de Educación del Gobierno de Canarias.

Desde hace ya muchos años, ciudades de nuestro país como Alcoy, Orihuela, Tomelloso, Olot, Vic o Mérida (en la misma órbita poblacional y económica que Arrecife de Lanzarote) disponen de Escuelas de Arte donde se imparten, desde hace ya muchos años, los mencionados estudios artísticos superiores de Diseño en sus varias especialidades (diseño gráfico, diseño de producto, diseño de moda o diseño de interiores). Y, no sólo de diseño sino también otras enseñanzas artísticas de rango universitario como los de Restauración y Conservación de Bienes Culturales (en especialidades como Arqueología, Documento Gráfico, Escultura, Pintura o Textiles), los de Cerámica o los de Vidrio. Mientras que aquí, esa potestad formativa, aparte de llegar con retraso frente a otros centros de arte peninsulares, hay que reservársela en exclusividad a las dos escuelas de las capitales canarias. Ni la Escuela de Arte Pacho Lasso ni la de Santa Cruz de La Palma parecen estar a la altura de la de Fernando Estévez de Santa Cruz de Tenerife o la de Las Palmas de Gran Canaria.

Parece ignorar el Gobierno de Canarias que Lanzarote, con sus más de 150.000 habitantes, dispone de una Escuela de Arte que, aparte de los estudios de Bachillerato en la modalidad de Artes, desarrolla una interesante y necesaria oferta de programas de garantía social y de ciclos formativos de formación profesional en Artes Plásticas y Diseño. Desde 1913, hasta el día de hoy, se ha caracterizado no sólo por haber mantenido la llama insular de formar a muchas generaciones de artistas, técnicos y profesionales que hoy desarrollan su trabajo tanto dentro como fuera de Lanzarote, sino también por haber permitido que el centro esté imbricado de una manera singular y modélica en la vida y en la historia de la educación de Arrecife y de los ciudadanos de la isla.

A nadie debe escapársele que acciones, pongamos varios ejemplos, como los trabajos de restauración de la Iglesia de San Ginés, la labor de rescate y difusión de la arquitectura religiosa insular de la mano de la elaboración de las maquetas de las iglesias y ermitas de Lanzarote, los trabajos de divulgación para la conservación del patrimonio edificado tradicional (tanto urbano como rural) de la isla o las generaciones de profesionales del ámbito de la Delineación, de la Decoración, de la Moda, de las Artes Plásticas y del Diseño que hoy desarrollan con éxito y maestría su trabajo en los diferentes ámbitos del mundo laboral y cultural no podrían ser entendidas, de una manera integral, sin la labor académica, docente y socio-cultural de la Escuela de Arte Pancho Lasso en Lanzarote.

Lo que más me irrita, cuando escribo estas líneas, es saber que nuestra Escuela de Arte Pancho Lasso no sólo cuenta con un equipo de profesores preparados, ilusionados y dispuestos a emprender el reto académico y docente de iniciar unas enseñanzas artísticas superiores (como las de Diseño ), sino que también dispone de unas magníficas instalaciones y equipamientos donde, con las correspondientes mejoras y actualizaciones pertinentes, se podrían desarrollar estos estudios en una de las mejores atmósferas educativas y artísticas que pueden respirarse en Canarias. Pero, claro, éstas no parecen ser razones de peso.

Esta decisión regional es tan canalla y tan corta de miras que no sólo nos ofende a los lanzaroteños haciéndonos sentir nuevamente como ciudadanos de tercera, sino que también nos denota la mala y desafortunada clase política que tenemos en las instituciones canarias. Seguramente, si en lugar de los estudios superiores artísticos hubiésemos solicitado tener una extensión de la flamante Academia Canaria de Seguridad para la nueva policía autonómica otro gallo nos hubiera cantado.

Una vez más, una decisión administrativa de gabinete hecha por tierra la legítima aspiración de una ciudadanía que sólo pide ampliar la oferta formativa que venga a complementar y mejorar las competencias, las destrezas y las aptitudes técnico-profesionales de un sector de la población que desea canalizar su futuro laboral y creativo a través de las enseñanzas artísticas superiores. Lamentable, pero cierto.

 

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