
Manuel Riveiro
[Martes, 5 de febrero de 2008] [07.00]
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Leticia Padilla está en el paro, tiene una chinija y sufre la mordida mensual de la hipoteca. A comienzos de diciembre fue al hipermercado, llenó el carrito de lo necesario para mantener una dieta sana -ya saben, mucha fruta y verdura- y al llegar a la caja registradora se quedó fría: la compra para una familia de tres personas, sin lujos ni caprichos, le había salido por 200 euros. La cólera inicial se transformó en la primera convocatoria de una manifestación -a través del correo electrónico- para reclamar “precios dignos”.
María José Docal es consejera de Turismo del Cabildo, su descendencia ya está talludita y percibe un envidiable salario de 55.900 euros brutos al año. El erario público se lo paga, entre otras cosas, para representar a Lanzarote en las ferias turísticas de por ahí fuera. Lleva unas semanas por el mundo: primero Dublín, luego Madrid. En la capital del Reino se quedó impactada con los precios de las hortalizas.
El sábado por la mañana, como buenas amas de casa, las dos se preocuparon por su alimentación y la de los suyos. Leticia se puso al frente de la manifestación -la segunda en mes y medio- que congregó a unas dos mil personas en Arrecife para protestar por que Lanzarote esté siempre en los primeros puestos de una clasificación terrorífica: la de la carestía de la cesta de la compra.
María José, por su parte, estiró su estancia en Madrid y se dejó caer por el Mercado Maravillas, en Bravo Murillo 122 para más señas. Cada vez que regresa a la Isla procedente de la Villa y Corte reconoce que lo hace con kilos de más... en el equipaje. “El exceso de peso me lo supone siempre la verdura que traigo”, admite sin rubor, confesando el 'contrabando'.
Tal vez a la misma hora que la consejera de Turismo de Lanzarote se perdía entre los puestos del mercado madrileño, Leticia empuñaba el megáfono en el Parque Islas Canarias ante una multitud que ha asumido que, “si no te quejas, te suben las lentejas”. “La comida es un negocio para algunos pero para todos es una necesidad”, exclama.
A 1.500 kilómetros de distancia, María José compara: hace una semana y pico, cuando había partido de Lanzarote rumbo a Dublín para recalar luego en la Feria Internacional de Turismo (Fitur), los calabacines estaban a 5,60 euros el kilo. En el Mercado Maravillas, dos kilos de la misma hortaliza cotizaban a 1,90. Las alcachofas tampoco están mal de precio, a 1,30 euros el kilo, y dos kilos de judías verdes no cuestan más de 1,60. Evidentemente, hace acopio.
Leticia y el resto de ciudadanos que han organizado las manifestaciones y que están dispuestos a consolidarse como asociación de consumidores han tenido que capear durante estos días un temporal de acusaciones lanzadas desde el anonimato que se resumen en una: no ser más que unas marionetas manejadas por algún sector empresarial o político.
En privado, razonan que es el coste de haber señalado con el dedo a las dos cadenas (Dinosol-Hiperdino y Supermercados Marcial) que controlan el mercado de la alimentación en Lanzarote. Y de haber destacado al “oligopolio” en el sector como una de las causas de los elevados precios, al margen de otras como la doble insularidad o la agonía del sector primario.
Entre los fundadores del 'movimiento' hay un médico, el presidente de una asociación vecinal, un dibujante o un blogger, que tienen en común el mosqueo que acumulan contra los tickets del hipermercado. Hasta hace bien poco, muchos no se conocían entre sí, salvo por haber intercambiado algún que otro mail.
Sea porque conviene en período preelectoral o porque de verdad les preocupa, las autoridades han tomado nota de esta reivindicación social. “Francamente creo que se están pasando. Cada vez los sueldos dan para menos y es más difícil llegar a final de mes”. Si lo dice María José Docal, con sus 55.900 euros brutos al año, qué pensarán el resto de amas de casa lanzaroteñas...
manuelriveiro@diariodelanzarote.com
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