Respeto

 

Mario Alberto Perdomo

[Lunes, 4 de febrero de 2008]

 

 

 

 

 

 

 

 

La murga ‘Los Intoxicados' ha pedido disculpas y respeto. Las disculpas deben ser aceptadas por todos los que se han sentido ofendidos con su interpretación sobre la inmigración. El respeto, también el mío, hace tiempo que se lo habían ganado con su sólida y larga trayectoria carnavalera, y lo han vuelto a recuperar ahora, en un soplo, al actuar con rapidez y reflejos. En una isla en la que ha dejado de ser habitual disculparse cuando se mete la pata, cobra mayor valor el acto de constricción de ‘Los Intoxicados', sentando un buen precedente. Muy bien.

El debate de fondo sigue abierto, no obstante. La cultura de los límites es el debate de fondo. No soy partidario de la censura impuesta, pero sí creo en la autocensura. Ésta debe ser ejercida responsablemente por cualquiera que se exprese en el espacio público, incluso en Carnavales, un corto período del año en el que se supone que todo está permitido. Y no todo está permitido. En una murga, la autocensura consiste en leer y reflexionar colectivamente sobre las letras propuestas, dar cauce a las satíricas y a las divertidas, corregir palabras o párrafos en aquellas que bordean los límites y desechar las que atentan contra los valores que sustentan la vida en comunidad. Por ejemplo y entre otros, aquellas letras que cuestionan los derechos humanos, la convivencia, la protección de los niños y los ancianos, la libertad de confesión o la igualdad entre los sexos. El insulto ni te cuento. Esta es la cultura de los límites, la autocensura.

Visto esto, las murgas tienen ante sí dos desafíos más. El primero es trabajarse un poco más la expresión corporal sobre un escenario. El segundo es currarse la vocalización. Ambos desafíos se resumen en mejorar la interpretación. Ya sé que se trata de aficionados y que sacrifican su tiempo libre para regalar su esfuerzo y su ingenio a los demás. Lo sé. Pero ello no quita para que se profundice en la interpretación de las piezas para dar mayor realce a las propias murgas y a las fiestas.

Todo es criticable y todos pueden ser criticados por las murgas. No está en cuestión. El asunto es cómo se hace, un lugar en el que el sentido del humor ha de brillar. El episodio ha sido cerrado inteligentemente, así que no le demos más vueltas. A seguir mejorando.

 

 

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