
Mare Cabrera
[Miércoles, 30 de enero de 2008]
<<Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar>>. Proverbio japonés.
Este es un humilde mensaje para todos aquéllos jóvenes lanzaroteños que empiezan a salir de marcha, que tienen cierta libertad otorgada por sus padres para darse paseos por nuestra capital, que están con pretendientes y no ven pasar las horas hasta que consiguen encontrarse con ellos. Sáquense el carné y compren un coche. Si aún no tienen la edad, vayan ahorrando, no se dejen ir. Si vives en Lanzarote necesitas un coche. Si quieres ir a clases particulares de matemáticas en Arrecife y vives en Nazaret, cómprate un coche, si quieres ir al Conservatorio de Música, cómprate un coche, si quieres estudiar en la biblioteca, ir al cine, de compras o de copas, al Cabildo, a la escuela de idiomas, al TEA o a Zara, cómprate un coche. Porque no puedes caer en el ingenuo e infructuoso error de pensar que el servicio de guaguas en la isla saciará tus ansias de ver mundo, no, no lo pienses, no sirve para nada, otros muchos antes que tú lo pensaron, otros muchos bajábamos en la guagua de las cinco y rezábamos para no perder la de vuelta a las ocho porque después no habían más, otros tantos dejaron alguna de las actividades extraescolares o post instituto por no poder cuadrar los horarios, tuvieron que elegir si canto, piano, teatro o academia de inglés porque todo no podía ser, aunque en su fuero interno quisieran ser hombres y mujeres del Renacimiento, de usos múltiples o multidisciplinares, tuvieron que hacer criba cultural y decidirse por una u otra opción, a ser posible, la que mejor cuadrara con el horario de guaguas.
Luego nos quejamos de que no hay aparcamiento, que la media por coches en cada familia se sale de las gráficas... ¿qué pretenden? Si existiera un servicio de guaguas ya no digo de lujo, decente, estoy convencida de que los usuarios responderían a la oferta y veríamos por nuestras carreteras del norte hermosas guaguas con aire acondicionado y sillones con cojín para que el culo no se te quede tieso, repletas de jóvenes ennoviados, viejitas viudas que se van de paseo, señores con corbata que van a trabajar y gracioseros recién llegados.
En Gran Canaria, puestos a comparar aunque las comparaciones dicen ser odiosas, el servicio de guaguas tiene un funcionamiento envidiable -siempre y cuando no nos paremos a analizar las quiebras inminentes que amenazan volver cada comienzo de curso, que digo yo, con la de gente que usamos el transporte público ¿cómo es posible que haya pérdidas?-. Pero centrándonos en número de vehículos, horarios, servicios que prestan, capacidad de pasajeros, estado de los vehículos…tenemos que aseverar los que además hablamos con conocimiento de causa -yo creo que voy más en guagua que a pie- el hecho innegable de que en Gran Canaria no se priva a nadie de trasladarse desde la capital a cualquier punto remoto de su geografía. Cada 15 minutos, como mucho, y hablamos del trasporte dentro de la ciudad, pasa una guagua, si no te viene demasiado bien una, pues coges otra, si la pierdes, no pasas miedo porque sabes que al ratillo pasará otra, si hace calor sabes que irás bien fresquito por el aire acondicionado, si estás embarazada, llevas un carrito de bebé o estás en silla de ruedas, muy amablemente el “guagüero” te bajará la rampa si estás en el último de los casos o atará el carrito para que después de una frenada no aparezca a veinte metros. Qué gozada.
Aquí, vivir en un pueblo sin permiso de conducir significa irremediablemente el aislamiento, el pateo hacia la parada, las horas de espera, la continua ojeada al reloj... el déjalo que menuda lata.
Por eso, jóvenes que empiezan a disfrutar de la libertad que dicen dan los años, no pierdan el tiempo reivindicando el grito que se lleva escuchando desde tiempo de Maricastaña porque nadie va a hacer caso, como hasta ahora, nadie pondrá un servicio de guaguas que te permita moverte por la isla, que tan grande no es, nadie pensará en la mejora de la calidad de vida que supondría una disminución considerable del tráfico por los pueblos y la capital, de los ruidos, la contaminación, el simple pero básico derecho de la capacidad de movimiento habitual sin tener que hacer planificaciones previas y pesadas. Ya sabes: cómprate el dichoso coche.
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