
Javier Díaz-Reixa
[Miércoles, 30 de enero de 2008]
Verano de 1985. Lo recuerdo, apenas un chinijo, en un barco que navegaba camino de Alegranza, con la mar embravecida. Hasta el patrón y los marineros estaban preocupados, no tanto por el estado de la mar, como por la responsabilidad de llevar a treinta personas torpes e inexpertas, y tener que ocuparse más de ellas que de las incidencias de la travesía, que para ellos era una mera anécdota.
Al mando de la singular expedición, Ginés Díaz Pallarés, que lo llamaba “pinypon”, porque entonces andaba con esa matraquilla. Pablo, El Guincho, se mareó, se fue tambaleando a la borda y vomitó todo lo que había desayunado; después, con una dignidad inconmensurable, volvió al lado de su madre y recuperó su humor habitual, como si no hubiera pasado nada. Siempre ha sido fuerte detrás de su aparente fragilidad. Cuando llegamos a Alegranza, flipó colaborando en las actividades propias de un campamento juvenil centrado en la conservación de los islotes: anillando pardelas, cogiendo cangrejos con Ginés, nadando por el pasadizo del jameíto, viendo la caldera de Alegranza, la fiesta nocturna a la luz de la hoguera, los cientos de ratones correteando por encima de las tiendas.... A nadie puede extrañar que imágenes tan potentes se le hayan quedado grabadas. Y cuando era chinijo, las paredes de su dormitorio estaban plagadas de fotos de aves, de ballenas y delfines, y aquellas postales de la campaña de protección de las salinas del otro guincho, y las pegatinas ... Sí, lo de El Guincho tiene raíces...
Luego emprendió el vuelo, recaló en la Barcelona de mis amores, y ahora vuela solo, y vuela alto. Y en una de sus primeras cacerías, se ha cobrado una pieza bien grande. Y ahora disfruta de su triunfo, tranquilo, sereno, sin alterar el vuelo, con el mismo desparpajo de siempre. Dicen de él que es “diferente, fresco y creativo”, que “nos regala excelentes composiciones por encima de la media a la que estamos acostumbrados en este país”, o que “la capacidad de convocatoria de este músico puede ser grande, que la bomba está a punto de explotar”.
Y dicen que en directo es espectacular: “También batería de los explosivos Coconot y de Albaialeix, Pablo Díaz-Reixa es un animal de directo como el pez espada lo es de mar y de aguas tropicales”. “Alegranza” es el tercer mejor disco del año para la revista Rockdeluxe, y El Guincho el tercer mejor directo del año. Y la ola crece imparable en la escena internacional. Pronto sabremos más de él y de sus nuevos proyectos.
Pero la cosa no viene de ahora. Siempre ha sido un culo inquieto, de una curiosidad intelectual inabarcable, creativo, y con ramalazos de auténtica genialidad. Y bellísima persona. Lee lo que está escrito y lo que no, escribe novelas, relatos cortos, poesía, guiones radiofónicos, hace videos, habla varios idiomas con parecida soltura; y es un estudiante brillantísimo... Primer premio del certamen Juventud y Cultura 2004 (“Geometría”, del que dice Emilio González Déniz: “un juego muy tenso manejado con solvencia a pesar de que el autor se metió en un laberinto de dificultad notable” ). Accésit en el Certamen de Jóvenes Artistas de la Macaronesia (“Experimento con la forma de hablar los números”, Lanzarote 2005). Y además de esta genialidad de ahora (Alegranza, El Guincho, Discoteca Océano 2007), es batería y alma mater de Coconot, toca la batería en la Orquesta de la Muerte, y colabora con Albaialeix Un cerebro en permanente ebullición. ¿Quieres más?
Ahora la prensa canaria se ha hecho eco, ¡por fin!, del éxito de El Guincho. Job Ledesma dice de él en La Opinión de Tenerife que es “La sensación de la temporada” (“El Guincho: la revelación”, Suplemento El Radikal 25 enero 2008), y en La Provincia (27.1.2008, página 44) que “La estrella es El Guincho” : “Es la sensación de la temporada en el mercado nacional. El Guincho... se ha ganado el respeto y admiración de la crítica especializada con su disco de debut, “Alegranza”. Un canario que triunfa fuera de nuestro limitado espacio, y que lo hace solo, sin apoyos institucionales, sin practicar el victimismo, sin complejos, consiente de que con curro, con ideas y con coraje, desde aquí también nos podemos comer el mundo.
Sí, El Guincho vuela alto. Y es bello verlo desplegar las alas, surcar el cielo y lucir todo su desparpajo. ¡Chapeau, monsieur!
Mas información en www.discotecaoceano.blogspot.com
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