¡Más munición!

 

Mario Alberto Perdomo

[Viernes, 14 de enero de 2008]

 

 

 

 

 

Se les acaban las balas, pero no albergo dudas: a falta de munición, acabarán tirando piedras.

No creo que el escenario de la batalla sea el de una justa reivindicación empresarial movida por la incertidumbre de la economía. Tampoco creo que estemos inmersos en una pugna entre sectores empresariales. Como yo lo veo, lo que acontece es un feroz acoso a los diversos poderes locales con la única finalidad de derribarlos y colocar en su lugar a gente proclive a repartir el territorio con fines urbanísticos. Y punto pelota. Estamos, en definitiva, en el mismo y exacto lugar que hace diez o veinte años, pero con una única diferencia: son más débiles, están perdiendo cuotas de poder a manos llenas, sus negocios inmobiliarios están en entredicho por la lógica de los tiempos y/o por los tribunales de justicia, y ya no mangonean con el desparpajo de otra época. Y ello los hace más peligrosos. Así que no pienso quitarme de encima el chaleco antibalas y, al contrario, pienso complementar mi atuendo con un casco de obra. Por lo de las pedradas, si se diera el caso. En cambio, para defenderme de la contaminación verbal, de la baja volada conejera, nada puedo hacer. Ni quiero.

Tanta torpeza me conmueve. Fruto de la incompetencia y de la inutilidad, están donde están por deméritos propios. Malos análisis, malos diagnósticos, malas propuestas, pésimas acciones y actores horribles. A lo más que llegan es a promover una escaramuza, previa celada, llenándole la cabeza de pajaritos a algún primavera. Uno, aficionados: dar apariencia de organización a la turba. Dos, cobardía: tirar la piedra y esconder la mano. Tres, acoso: debilitar a los adversarios, desacreditándolos. Cuatro, inmovilismo: generar la sensación de caos y parálisis a base de repetición. Cinco, exterminio: aniquilar todo signo de resistencia en los ámbitos civil, mediático y de la representación empresarial. Y seis, poder: hay que recuperar el gobierno local como sea y al precio que sea.

Entrenados para la eterna conspiración, alimentados por el cinismo, escasos de reconocimiento y obsesionados por el éxito y el poder, proceden como psicópatas. La isla no se ha vuelto loca de repente. Es que esta gente pretende volvernos locos de la cabeza, que es el estado natural de esta peña. Están fatal.

 

 

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