
Jaime Puig
[Jueves, 10 de enero de 2008]
Iba a opinar acerca del esperpento político con el que Lanzarote ha inaugurado dos mil ocho. Prefiero, sin embargo, no derrochar papel y utilizarlo en algo que merezca verdaderamente la pena. Como ese movimiento, o lo que sea, que promueve el dos del dos de dos mil ocho. Gente, como ustedes o como yo, que estamos hasta las narices de dejarnos cientos de euros cada mes en alguna de las dos partes de la más que bien avenida pareja que forman el dinosaurio foráneo y el perinquén autóctono. Tipos que un día decidieron pasar e-mails y sms para ver cuántos se juntaban en una manifestación que tomara el pulso del descontento ciudadano sobre la carestía de la cesta de la compra. Y les fue bien. Tan bien que van a repetir. Y esta sí que no me la pienso perder.
Reconozco que la primera convocatoria me pilló tan de sorpresa que mi reacción inicial fue la de muchos: ¿Quién está detrás de esta movida? Acostumbrado como estoy a asistir a encarnizadas luchas entre bandos políticos y empresariales, traté de ubicar a aquellos en alguna esquina. Y no pude. Así que en mi imaginario, y sólo ahí, los coloqué donde me dio la gana y Santas Pascuas. Pero hete aquí que me han convencido y quiero ser uno de ellos.
En realidad desde hace tiempo soy uno de ellos. Pero yo no lo sabía. Queda feo hablar de uno mismo, pero la estética siempre me ha importado un carajo. Así que aprovecho para decir que en no pocas tertulias y tribunas he abominado de la presión empresarial que históricamente ha impedido en Lanzarote que haya más oferta en superficies de alimentación. Lidl, Mercadona.o el nombre que quieran ponerle a la criatura que vendría a demostrarles a los hiperciales y marcidinos que es posible vender lechugas más baratas.
Así que me apunto al cotarro. El dos del dos de dos mil ocho estaré donde digan para gritar lo que sea. Y de paso trataré de convencer a tres o cuatro con los que suelo coincidir en los supermercados de turno y con los que charlo mientras espero en la larga cola de la sección de embutidos (donde es raro que te salga el pedido semanal por menos de dos mil pelas, dicho sea de paso).
Y si los impulsores de esta feliz iniciativa crean la Asociación de Consumidores ahí me tendrán también, pagando la cuota que no será excesiva habida cuenta de lo que hay. Además, no sería mala idea que este grupo de voluntariosos revitalizara eso que damos en llamar "movimiento ciudadano", que un día tuvimos y que Perico y compañía dejaron en nada. Suerte y hasta el dos del dos de dos mil ocho.
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