
Lavive Hernández
[Lunes, 24 de diciembre de 2007]
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Son un equipo, un equipazo, también cuando juegan al fútbol. Estrellas de La Línea es el título de la película documental de Chema Rodríguez y el nombre que por consenso se pone este grupo de mujeres para participar en un torneo.
Hubo más opciones, como Las Putas de La Línea, pero deciden quitar lo de putas y mantener La Línea. Lo primero, porque ya todo el mundo lo sabe; lo segundo, por puro sentido de pertenencia.
Valeria, Vilma, Mercy y el resto de sus compañeras de equipo y trabajo son mujeres prostitutas de veinte pesos que trabajan en La Línea, al filo del ferrocarril que dos veces al día pasa por esta esquina de Ciudad de Guatemala. “La Línea es un leprosario”, dice el productor. La clientela es mucha y muy pobre, pero las señoras ganan en dignidad al ser zona libre de intermediarios y proxenetas.
“Esto es un trabajo que hacemos -apunta Valeria-, no le estamos quitando nada a nadie. Lo que hacemos es algo muy común, lo único que nosotras sí que cobramos”. Me encanta la definición, en realidad nos engloba por activa o por pasiva a todos, ¿no es cierto?
“Si hubiéramos organizado una manifestación de putas frente al Palacio Presidencial, no nos hubieran hecho caso”, dicen. Son putas pero deportistas: en forma, exóticas, estrambóticas y eróticas, femeninas y feministas.
Las que son creyentes, se creen pecadoras y a veces sufren por ello, pero de la fe no se come.
Las Estrellas quieren llamar la atención sobre el acoso policial y los asesinatos impunes. Cobran dos dólares y medio por servicio y saben que hacen un bien social, pero están hartas de la policía y de que allí no se cumpla la ley. La única violencia que denuncian, y esto es común a todas las mujeres que libremente deciden trabajar en esto, es la ejercida sobre ellas por la policía o la propia familia: padres, padrastros, hermanos, novios, maridos. Huyendo de esto, huyendo de la mala vida, responsabilizándose del futuro propio y de sus hijos, vinieron a parar a La Línea. Ya lo decía mi adorada Marga Carreras: “Puestos a abolir, ¿por qué no abolís primero la pobreza?” (Abro paréntesis para mencionar la que tiene liada en Madrid la Botella y su Legión de abolicionistas )
Seguimos con la peli: se apuntan a un torneo local del que se las expulsa no por putas, por dios, sino al parecer por tener una afición demasiado encendida, aunque sin caer en la beckhamanía. Así que aceptan ser retadas en un torneo paralelo por todos aquellos equipos de trabajadoras del sexo que a lo largo y ancho del país van apareciendo, mientras recorren Guatemala patrocinadas por una agencia de viajes. Incluso tienen un encuentro internacional en El Salvador, con himno y bandera, aunque aquí el patrocinador se raja. El salario que dejan de ingresar durante el torneo lo cubre el productor, que además las hace socias del proyecto, cobran por dvd así que estírate. Las entrevistó El Larguero y viajaron a España a promocionar la peli, muy bien premiada.
Sólo ganaron un partido, y fue después de poner a Lupe de portera, pero reírse vaya si se rieron. A mí, anoche me marcaron el gol de la alegría por toda la escuadra.
PD: Por el mismo precio que alquiles la peli puedes gozar de un cortometraje, Amor Callejero, que protagoniza un educador sexual que al otro lado de la vía muestra maquetas kingsize de órganos genitales y explica a la clientela inexperta cómo disfrutar y hacer disfrutar del amor, antes de que pase el tren de la vida. Guatemala, mon amour.
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