
Mario Alberto Perdomo
[Miércoles, 19 de diciembre de 2007]
Es una característica de Lanzarote que, lejos de resolverse, los problemas tienden a eternizarse, aunque con alguna excepción. La solución dada a la Isleta de la Santa es una de ellas, aunque ya había adquirido la condición de problema eterno. La Isleta ya es de dominio público, tras su adquisición a la Caja Insular de Ahorros de Canarias por parte de la Dirección General de Costas. Generosa actitud por parte de los actores implicados: Costas por estar dispuesta a comprar y La Caja por estar dispuesta a vender a buen precio, reforzando así su vertiente social y cultural.
Llega el momento ahora de pensar qué hacer con la Isleta y Ría de La Santa. Como siempre en estos casos y antes de actuar a base de impulsos fragmentados, es mucho mejor reflexionar sobre el conjunto del espacio hasta que se concrete en un proyecto integral, convenido por todas las partes. De todos modos, la vocación de esta pieza parece bastante clara, pues, de hecho, la Ría está intervenida en sus bordes y ya viene siendo utilizada para la iniciación a los deportes náuticos. Como mucho, necesita que sus aguas se renueven con periodicidad. En cuanto a la Isleta , de momento y mientras se piensa, bastaría con reconvertir su red interior de carreteras en vías para bicicletas y peatones. Se garantizaría así el disfrute de la zona con la preservación de sus valores naturales, y, si falta algo más, el tiempo lo dirá.
El día de la firma, el viernes pasado, fue motivo de regocijo para todos los agentes implicados, menos uno. El senador, Marcos Hernández, estaba privado, y, en el extremo opuesto, el alcalde de Tinajo estaba más serio que un tuno seco. Sus motivos tendrá, y, al parecer, los tiene.
Por otro lado, se ha hecho realidad una vieja reivindicación del movimiento ecologista de finales de los años setenta y principios de los ochenta del siglo XX. Falta ahora que Costas, de nuevo, resuelva otra vieja reivindicación del movimiento ecologista, esta vez de finales de los ochenta relacionada con el deslinde marítimo terrestre de la playa de Los Pocillos. Va a resultar que, ya de viejos, es posible que los sueños se hagan realidad, dando sentido a las demandas de juventud. Bienvenidos sean los sueños y las realidades si, aunque sea tarde, dan sentido a las experiencias vividas.
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