El impresentable

 

Mario Alberto Perdomo

[Martes, 18 de diciembre de 2007]

 

 

 

 

 

 

 

 

Se llama informe jurídico-económico de la situación en la isla de Lanzarote respecto a la planificación del territorio. Y es un impresentable. Por aquí se han visto muchas chapuzas con apariencia de otra cosa, pero este se lleva la palma. ¡Fuerte manera farfullenta de hacer el ridículo!

Vaya, antes que nada, mi mayor consideración personal y profesional tanto hacia los autores intelectuales del hecho como hacia quienes han perpetrado el supuesto informe. No los descalifico. Descalifico tanto el resultado como la poca vergüenza que han tenido al dejarse retratar junto a los cinco folios que insultan no ya la inteligencia, sino el buen gusto.

Estamos ante un desordenado refrito cogido con prisas y a última hora que, no es difícil deducirlo, surge de un concurso de ocurrencias. Se sentaron unos cuantos y encargaron la cosa. Los encargados se sentaron y parieron un adefesio que se sitúa en las antípodas del rigor metodológico y científico. Una vez mal garabateados el conjunto de juicios de valor sin soporte técnico o meramente estadístico, se tuvo la osadía de presentarlo públicamente. Osados los promotores, toda la patronal al parecer, al poner en manos indebidas un asunto tan serio. Doblemente osada la patronal al atreverse a darle curso público a la cosa. Osados los autores materiales al rubricar un trabajito indigno de segundo de la ESO. Osados hasta la inconsciencia los colegios profesionales que se han prestado a la pantomima para tratar de legitimar esta nueva ceremonia de la confusión.

Esa torpe maniobra, patética en el fondo y en las formas, llevaba el encargo de ratificar una postura previa sobre la ordenación territorial y urbanística, y que es, precisamente, la posición que mantienen ciertos sectores sobre el Plan Territorial Especial, la oferta complementaria de ocio y las revisiones tanto del Plan Insular como del Plan General de Arrecife. Si todos los oficiantes estuvieran en la escuela, estarían llevándose coscorrones hasta el día del juicio final, por duros de mollera. Así que esto es lo que tenemos, una nueva antología del disparate para acabar de demoler el imaginario simbólico insular a base de sumar fantasmas y actitudes fantasmagóricas en el carro de la nadería más ramplona. Y estoy siendo condescendiente. Muchísimo.

 

 

 

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