
Mare Cabrera
[Martes, 18 de diciembre de 2007]
<<Todo delito que no se convierte en escándalo no existe para la sociedad>> Heinrich Heine.
Hace unos días, en una cafetería de la capital Gran Canaria, me encontraba en buena compañía tomando eso que los cursis llaman refrigerio, en ese momento entró un niño de-calculo yo- nueve años con un folio en las manos. Se acercó a dos jóvenes que disfrutaban de un zumo y ellas estuvieron mirando el papel un rato, le dieron unas monedas y en ese instante el niño se acercó a mí para darme el papelito en cuestión. En la hoja fotocopiada enmarcada bajo un logo que no reconocí, se podía leer aproximadamente: 'Estamos trabajando para crear un centro de atención para niños sordomudos y necesitamos su ayuda. Su quiere colaborar firme en el recuadro correspondiente'.
Sin pensarlo dos veces me apresuré a firmar, pensando que quizá estuviera colaborando junto con otros ciudadanos a que las peticiones de ese grupo se vieran escuchadas, pero entonces me di cuenta de que tenía que facilitar mi DNI -no sé por qué tengo pavor al rellenar tarjetas de fidelización de clientes u otros documentos no oficiales- y el niño extendía su mano pidiendo dinero. No me dirigí a él, sino al responsable del establecimiento con cara de sorpresa e intercambiamos algunos comentarios, “lo he viso varias veces por aquí solo, siempre pide dinero con esa hoja…” He trabajado lo suficiente con niños -la mayoría de ellos con discapacidades cognitivas- para saber que la criatura se estaba quedando “con toda la movida” cuando empecé a monologar aludiendo a la absoluta falta de seriedad y responsabilidad de cualquier organización que envíe a menores a recaudar fondos para sus proyectos, aquí el niño, cogió puerta y se alejó al escuchar mis intenciones de avisar a un agente del orden.
Ya había leído a modo de recorte en prensa un aviso a navegantes sobre los grupos de ciudadanos rumanos, en ese caso hablaban de mujeres de esa nacionalidad, y su ya famoso timo del grupo de sordomudos que recolectan donativos para su organización. Una amiga que trabaja como intérprete de sordos en un centro específico en Las Palmas se acercó en la calle Mesa y López para intentar comunicarse con ellas y obtuvo como respuesta caras de estupor ya que no parecían entender ninguno de los signos propios de esa lengua. Esta compañera también comprobó que no se dirigían las unas a las otras en ningún momento, algo que catalogó como sospechoso, ya que pasan muchas horas juntas paseando y pidiendo por las calles. Si no entienden los signos propios de la lengua en España, de alguna forma se comunicarán ¿no?
En el papel que me mostró el jovencito de la cafetería aparecían varios nombres con sus apellidos, firmas y números de DNI. acompañados de una cifra en euros que se supone se refieren a la cantidad exacta con la que habían colaborado, uno de 10 euros, otro de 5 y la mayoría de 20 euros. Si creemos lo que vemos, cosa que no dudo porque el niño no hubiera podido falsificar a la perfección diez firmas, nombres y tipos de letras, andaría por la capital con más de 70 euros, a las ocho de la tarde -ya oscureciendo- sin abrigo y acompañado únicamente de unos grandes ojos oscuros, sin mediar palabra y con cara de estar entendiendo todo lo que comentamos a su alrededor.
Es absolutamente impensable que una organización seria que trabaje y recaude fondos envíe a niños a pedir dinero por las principales calles canarias sin compañía de adultos, con una maltrecha fotocopia y con un escudo, supuesto emblema de la misma -poco claro por la chapuza de la fotocopia en cuestión-. Y lo digo con la boca abierta y sin ningún género de dudas porque he trabajado con alguna organización y porque gracias a mis estudios he tenido la posibilidad de comprobar la ingente y a veces solitaria tarea de estas organizaciones que lo único que pretenden es dar una oportunidad a estos pequeños ante una sociedad que se presenta indiferente y cruel, si, cruel, ante los que considera diferentes.
Un ejemplo, es común que compañías de teatro que hagan representaciones en los centros -muchas de ellas cobrando por sus servicios- presenten numerosos problemas a la hora de facilitar sus guiones previamente a los intérpretes de lengua de signos para que estos puedan facilitar la comprensión de las obras a los niños no oyentes de centros que en muchas ocasiones son preferentes para sordos, alegando la confidencialidad de los mismos y demostrando su absoluta indiferencia ante los pequeños que van a asistir a la obra y que no van a enterarse de nada o al menos no de todo.
Aprovecho esta ocasión para felicitar y dar la importancia merecida a la labor de los intérpretes, que no traductores, como muchos los llaman, que tienen que dar de bruces con la ignorancia más absoluta de personas elegidas por la consejería para dar charlas y talleres en los centros y que a la hora de hacerles la petición de que se les faciliten los temas del taller alegan un sin fin de trabas burocráticas para terminar con un... ”lo traducen sobre la marcha” Pues no señores, porque la labor de un intérprete es pasar absolutamente desapercibido en las aulas con el fin de normalizar la situación de los sordos en las mismas con respecto a sus compañeros oyentes. A parte de convertirse en los oídos de estos, acercándoles cualquier manifestación sonora que tenga lugar en el aula. Lo que dice el o la maestra, lo que comentan sus compañeros y los posibles ruidos ambientales del aula (si alguien da un golpe en la mesa, si se cae un borrador e incluso si algún compañero se tira un peo).
Precisamente por todo el camino que nos queda por recorrer hacia la inclusión de personas discapacitadas en la vida social, política, económica, cultural... parece aún más descabellado que haya un grupo de personas sueltas por canarias fingiendo ser discapacitados y pidiendo, o mejor dicho, robando a los ciudadanos, bajo una excusa sucia e inmoral. Si quieren ayudar a alguna organización háganlo por los cauces adecuados, no en la calle, no a cualquiera que pueda aprovecharse de su buena fe.
[Condiciones de uso | | ]