
Mare Cabrera
[Lunes, 10 de diciembre de 2007]
<< ¿Y esa televisión que dice Willy que se va a ver también se va a poder oír?, porque sería un puntazo>> Carlos 08.12.07 (Comentario de un lector del Canarias7 digital)
Estoy asustada. Lo admito. La incorporación del nuevo director de la Televisión Canaria me turba, me da cierto temor que este señor, que en cada uno de su programas nocturnos muestra un tono que podría describir -y aún así no conseguiría plasmarlo como quisiera- inquietante, exagerado, peliculero, sobreactuado... tome las riendas de una cadena que hasta hace bien poco presentaba graves problemas con sus empleados, que se salva de la quema en lo que se refiere a la audiencia gracias a los programas de humor, que repite el formato de dos programas y los coloca uno detrás de otro en parrilla merendera, que presenta unos debates aludiendo a un río que suena-mal título, aquí no hay río, como mucho barrancos secos- llevando a uno invitados poco adecuados si se pretende que sea serio dicho debate, que convierte un programa de sucesos en una película de serie B americana, de mal gusto, exasperando al personal, creando crispación y buscando, o mejor, rebuscando entre el fango de nuestras diferencias.
Para muestra, un botón, hace unos días leía un artículo en Cronicasdelanzarote.es de Alfonso Canales en el que describía el espectáculo lamentable que se nos ofreció a los canarios en el tratamiento de la muerte de Yuliisa. “...Me refiero a gente como la que ha hecho el programa En Primera Persona de la Televisión Canaria , una patética muestra del antiperiodismo, de lo que jamás se debe hacer, o jamás se debería hacer, a la hora de tratar una información tan delicada como el asesinato de Yuliisa Antonia Pérez, la joven de 18 años que apareció este martes donde siempre aparecen los cadáveres en Lanzarote, en la escombrera de Argana Alta...”. No podría estar más de acuerdo.
Que la madre de la víctima estuviera en las dependencias de la Televisión Canaria a la hora de recibir la fatal noticia sirvió a los responsables de los programas “En primera persona” y “Nuestra gente” para crear un espeluznante e inmoral programa en el que la madre, completamente destrozada, se desmayaba una y otra vez a cámara lenta. Era consolada por un presentador que posteriormente aparecía compungido, creíble, desde luego por la intensidad y dramatismo de los momentos vividos, pero absolutamente prescindibles y me atrevo a decir, carroñeros.
También recuerdo un debate cuando surgió la polémica del traslado de las fiestas en honor de Don carnal por las quejas y denuncias de algunos vecinos. Willy García repetía constantemente, metiendo miedo en el cuerpo: ¿desaparecerán los carnavales tal y como los recordamos? ¿Este el es fin de nuestras principales fiestas? ¿Esto afectará al resto de las islas? Todo esto, sobre el papel no sorprende, pero el tono señores, el tono que utiliza... es desesperante, como digo, sobreactuado, crispante. Innecesario también. Quizá pretenda compensar su falta de presencia y voz profunda -como la de Constantino Romero, por ejemplo, que diga lo que diga resuena y sentencia- utilizando un registro propio de quien presenta el último trabajo discográfico de Juanes. No es serio, no lo es. Y mi opinión va más allá de mis preferencias personales en lo que se refiere a gustos sobre la voz, un tono, un traje, un color de pelo. No me quedo ahí, me baso en lo que veo como espectadora, lo que sufro como canaria al tener que recibir una noticia con el tratamiento demagógico que utiliza el señor García.
Espero, realmente espero que no pretenda ser imitado por el resto de presentadores, que no traslade esa crispación al resto de programas, que la parrilla no se vea afectada por el peculiar estilo de su ahora recién estrenado director.
Dice que quiere hacer “una televisión que se vea y una radio que se escuche”. La frase no tiene desperdicio, debió romperse la cabeza, pero no, me voy a contener, voy a obviar que semejante afirmación la podría hacer mi sobrina de cinco años y que me parecería graciosa, en boca de un adulto, insuficiente, imprecisa y banal. Lo de que la televisión que va a dirigir será “equilibrada, plural, con cabida para todo el mundo y en el que todo el mundo pueda expresarse” me recuerda que ha sido designado sin consenso, a dedo por un señor que lo abrazaba después de jurar el cargo, y que debido a su empeño y preferencias manifestadas públicamente no tengo otro remedio que dejar la inocencia e ingenuidad a un lado para suponer que si lo prefiere, por algo será. No podemos obviar que una cadena en la que se traten las noticias vistas de un lado o del otro puede crear una conciencia en sus espectadores. Si no fuera así, nadie se pelearía por controlarlas y los medios de comunicación no tendrían el poder que ostentan.
No pongo en duda su capacidad de trabajo, sus dotes de mando y ganas de poner empeño en su nueva labor profesional.
Sólo pido un trato alejado de sensacionalismos para acaparar audiencia, que la Televisión Canaria no se convierta en un Aquí hay Tomate de tercera clase, que se cuiden las formas con noticias delicadas, que no se de bombo a las polémicas insustanciales, que se busque la pluralidad, que no se caiga en preferencias e intereses políticos, que el color de los sucesos no se pinte de la bandera de ningún partido, que los trabajadores y profesionales de la TV Canaria no sean aleccionados para inclinarse hacia una u otra opción, que no insulten a nuestra inteligencia en el tratamiento de las declaraciones de nuestros representantes. No sé si será mucho pedir.
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