
Antonio Lorenzo
[Miércoles, 5 de diciembre de 2007]
Hace algún tiempo nos sorprendió gratamente una exposición que, en la galería situada en el aljibe próximo al Ayuntamiento de Haría, nos mostraba en fotografías de gran formato, la reconstrucción de las tradicionales vestimentas de Lanzarote, e incluso la reproducción de viejas fotografías que mostraban a personajes isleños luciendo las indumentarias que se usaban en su momento. Desde hace unos meses tenemos en nuestras manos un libro magníficamente editado, en el que su autor Ricardo Reguera Ramírez, promotor también de aquella exposición, ha puesto al alcance, no solo de los curiosos, sino también de los estudiosos, la evolución de la forma en que se vistieron nuestros antepasados, desde tiempos muy pretéritos hasta casi nuestros días; ya que los ya mayores fuimos testigos, hasta mediados del siglo pasado, del uso de la falda negra hasta los tobillos; de la pañoleta, del sobretodo, del pañuelo anudado al cuello, de la sombrera de palma y de la mantilla para asistir a las solemnidades religiosas.
El libro, ‘Las Indumentarias de Lanzarote', de 570 páginas, es una verdadera enciclopedia del tema. No sólo su texto, sino las innumerables fotografías y dibujos, satisfacen plenamente a quien tenga el mínimo interés por nuestro pasado histórico. Desde los dibujos de Leonardo Torriani, pasando por las ilustraciones de ‘Le Canarien', los pastores, las campesinas y campesinos, hasta las vestimentas y tocados gracioseros; el origen del disfraz de ‘Los Buches' o lo que se ha venido denominando ‘traje típico', nada falta en este completo tratado con el que Ricardo Reguera ha venido a llenar, después de diez años de profundo trabajo, un hueco dentro del quehacer científico de nuestra Isla. Tejidos y modo de elaborarlos; telares y materiales; tejedoras y elaboradores de zapatos con los medios de que se disponía en la isla, ocupan el espacio de esos centenares de páginas. Como se usaban las blusas, por lo general entalladas; por fuera de la falda o también por dentro en algunos casos; chaquetas de lana de camello; el peinado adecuado a cada momento; peines, peinetas, alfileres, y cintas; fajas para los hombres ceñirse la cintura; enaguas incluso de tipo cancán; nada escapa a la observación y estudio por parte del autor. Como complemento, se adjunta al libro un CD, ‘Las indumentarias y los textiles de Lanzarote'.
No creo, o por lo menos no tengo conocimiento, de la existencia de un estudio tan amplio efectuado en las islas, sobre un tema que, en principio, parece no tener la importancia que de su lectura se desprende. Por ello quiero felicitar a Ricardo y felicitarnos todos los lanzaroteños de la existencia de un texto de la categoría del libro no hace mucho tiempo publicado y del que habíamos esperado a opinar después de su lectura que lleva bastantes horas.
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