
Alejandro Díaz
[Domingo, 25 de noviembre de 2007]
Federico Toledo es un hombre hecho a sí mismo. Se ha ganado la vida trabajando intensamente desde niño. Nadie le ha dado absolutamente nada. Lo que es, le ha costado mucho esfuerzo. Es una persona de una valía tremenda en muchos órdenes de la vida. No tiene pasado, porque haber estado en el Partido Popular, sólo puede ser encuadrado en la génesis de un mal sueño. Una persona de su talla no debe abandonar la política porque a las primeras de cambio tenga una desagradable experiencia. Este hombre tiene mucho futuro en Política y Lanzarote no está para que la abstención siga creciendo y manteniendo a los mismos de siempre.
Corría el año 2002
La apertura a la que sometimos al PP de Lanzarote en los albores del 2.001 era total y se percibía fácilmente en la sociedad insular. Las ideas retrógradas y recalcitrantes que antaño envolvían la esfera de esa organización política, cedían con los nuevos aires y postulados establecidos, donde imperaban la igualdad y la modernidad de las estructuras de un partido que, se presupone, aspiraba a dar ejemplo a la sociedad asumiendo, como no podía ser de otra manera, un alto nivel de democracia interna, aunque a los tres de toda la vida eso no les gustaba, dado que veían mermadas sus expectativas de mantenerse en la poltrona sin esfuerzo.
En aquel momento era posible afiliar a gente de cualquier condición, precisamente porque eliminamos los estratos sociales profundamente arraigados desde tiempos inmemoriales. Las opiniones de todos los miembros tenían el mismo valor. Cabían juntos los empresarios y los asalariados. Se comenzó a hablar en el mismo lenguaje.
Restaurante la Tinaja
Fue un encuentro multitudinario con jóvenes de todos los rincones de la Isla. Federico Toledo a la cabeza. En la cena que se preparó al efecto, me encontré con un montón de chicos y chicas inquietos por el devenir político de Lanzarote. Me sorprendió gratamente la confluencia de las ideas más variopintas en el dibujo de un futuro mejor para Lanzarote que esbozaban con gran ánimo e ilusión.
Todos se afiliaron. Más de ochenta jóvenes entraron aquella noche en el Partido Popular de la mano de Federico Toledo con un matiz muy significativo y destacable. No les importaban las siglas. No les importaban las ideologías. No les importaban si era un partido ganador o perdedor. Les preocupaba Lanzarote y querían aportar lo mejor de ellos para mejorar lo de todos.
Federico no se va solo
Federico, hoy, no se va solo del PP, se van ochenta jóvenes muy desilusionados. Se marchan ochenta jóvenes clamando al cielo por la tiranía que se vive en ese partido. La democracia y el debate han dejado paso, por imperativo, a la oligarquía de tres señores que sólo piensan en mantenerse a cualquier precio en un cargo público, evidentemente con asignación económica.
La presidenta de la eterna gestora, aplaude y tira voladores cada vez que un afiliado pide su baja. Y claro, así la máxima de “que lo poco se reparte mejor entre menos” sigue funcionando sin problemas. Lo malo de estas cosas, es que el peor momento suele llegar, cuando lo que va quedando no da ni siquiera para repartir entre los tres.
¡Federico, no dejes la política!
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