
Mario Alberto Perdomo
[Lunes, 15 de noviembre de 2007]
Hace casi dos meses que comenzaron las clases en todos los centros de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), menos en uno. La excepción se encuentra en la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales de Arrecife, el recién creado centro privado adscrito a la ULPGC. ¿Motivo? La ULPGC exige que el profesorado sea designado tras un concurso público, lo cual contradice el Convenio aprobado por el Consejo Social de la propia ULPGC y por la Dirección General de Universidades del Gobierno de Canarias. Va en contra, asimismo, lo que establece la Ley , que no exige este procedimiento a los centros privados adscritos a universidades públicas.
Con su Rector a la cabeza, la ULPGC no quiere que se abra un centro en Lanzarote que imparta la enseñanza de Empresariales para la obtención del título de Diplomado. Y si no quiere, pues no quiere, muy a pesar de que le han pedido que se baje del burro los ocho parlamentarios regionales por la isla, el pleno del Cabildo y de varios ayuntamientos, y, por último, la patronal en peso. Cuando menos es curioso, pues ya existe un centro similar en Tenerife al que no se le aplica la misma exigencia que se pide ahora para la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales de Arrecife.
Seguramente llevando al absurdo la sacrosanta autonomía universitaria y quizá para evitar indeseadas colisiones en el plano institucional, el órgano competente en materia de universidades en la Comunidad Autónoma no parece dispuesto a exigir a la ULPGC que cumpla con la ley. Purga con la pena el eslabón más débil de la cadena, en este caso el alumnado inscrito, además de la propia Escuela después de varios años de ilusionados esfuerzos que se van al garete. También la propia isla, que se queda en Babia a la espera de la descentralización universitaria.
Si no comienzan las clases el próximo 1 de diciembre, expirará el plazo establecido para la puesta en funcionamiento de la Escuela Universitaria. En tal supuesto, Lanzarote se verá agraviada mientras a unos chicos se les buscará plaza con calzador y otros, que tratan de compaginar trabajo y estudios, perderán la oportunidad de mejorar sensiblemente su formación. Así de sencillo. Así de doloroso. ¿No habrá quien le plante la mosca al Rector?
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