EL SIROCO

 

Atrapados en el islote

 

Manuel Riveiro

[Lunes, 19 de noviembre de 2007]

 

 

 

“Todo lo que dicen los periódicos es mentira”. Bruno Clemente Omar lleva diez años malviviendo en el Islote del Francés y en los últimos días se ha hartado de ver periodistas curioseando por los alrededores de su casa. La cantinela de que las palas mecánicas van a arrasar con las antiguas naves de La Rocar la lleva escuchando desde hace años. Y no se la cree. En eso no difiere del común de los ciudadanos de Arrecife, desconfiados ante cualquier anuncio lanzado desde una institución pública. ¿Va esta vez en serio? Bueno, al menos el Ayuntamiento ha concluido un expediente de declaración de ruina que obliga a la propiedad a demoler los restos de la industria que en tiempos dio de comer a tantos arrecifeños y que a día de hoy suponen un auténtico peligro para la integridad física del que se acerque.

Tirar definitivamente al piso las naves que apenas se mantienen en pie costará unos 700.000 euros, cargados a la cuenta de Jaime Cortezo Massieu, ese lince para los negocios que se hizo con el Islote del Francés hace una década, cuando la familia Lamberti atravesaba por un profundo bache económico y él se lo quedó -según consta en un expediente del Ayuntamiento- por 400 millones de pesetas. Ahora asegura que ni de broma piensa en deshacerse del preciado islote y amenaza con llegar a los tribunales si el Ayuntamiento osa dar la orden de “¡adelante!” a las excavadoras. No es tonto Cortezo. Sabe perfectamente que si desaparecen las naves (y los indigentes), se debilita también su posición en el pulso que mantiene con el Consistorio para ver qué le dejan hacer en el islote.

Eso explica que haya incluso amenazado con reconstruir las naves industriales, aunque en realidad ese farol no se lo crea nadie. Ni él mismo. Si el metro cuadrado construido en el centro de Arrecife cotiza sobre los 3.000 euros, en el Islote del Francés el precio se dispararía directamente hasta la estratosfera. Para cuando se vuelva a mover una piedra en el islote, Bruno ya se habrá tenido que mudar de su privilegiada choza en primera línea, que de último comparte con una pibita, con la que a su vez comparte la cerveza. Mucha cerveza. A las cinco y media de la tarde su aliento delata que ya lleva unas cuantas en el cuerpo.

No quiere fotos, pero cuenta de carrerilla algunos detalles de su vida, sobre los que le habrán preguntado mil veces. Cincuenta tacos, sin familia ni papeles “después de 26 años en España”, tampoco tiene empleo. Los vicios se los paga con lo que saca de ‘gorrilla' en el aparcamiento del propio islote. El aseo y la cena, gracias a una monja que ayuda “a la gente que está tirada en La Rocar”.

A Bruno le gustaría no tener que preocuparse por buscar un nuevo techo ahora que llega el invierno, y a Cortezo exprimir al máximo el Islote del Francés. Montar una zona comercial y hostelera en plan Miami. En enero de 2000 se llevó a Boca Ratón (Palm Beach) a 60 escogidos -entre políticos, empresarios y algún plumilla para que escribiera luego la elogiosa crónica de la expedición a tierras americanas-. Los que tenían que decidir -no el plumilla- no le hicieron mucho caso, se cogió el hombre una perreta y en diciembre de ese año solicitó la apertura de un expediente para que el Ayuntamiento le expropiase los terrenos.

Los 10.000 millones de pesetas que en enero había prometido invertir en el islote, fue la cantidad que pretendía que aflojase el Consistorio -60.898.452,99 euros más intereses legales, exactamente- por expropiárselo. Los tribunales, en cambio, no le han dado la razón a la propiedad del Islote del Francés en ninguno de los pleitos judiciales que ha iniciado. Salvo en uno: el que ganó sobre la clasificación del suelo, que es urbano y no urbanizable como puso José María Espino en el Plan General de 1991.

En resumen, que a día de hoy el Islote del Francés es una codiciadísima pieza de suelo urbano, calificada en el Plan General en vigor como parque, mitad residencia de unas 50 personas, mitad basurero. El Ayuntamiento, si no desea cambiar esta calificación, puede expropiar al dueño o compensarle urbanísticamente en otro lado. La idea de la anterior alcaldesa de Arrecife para conseguir la mayor parte del Islote del Francés era dejarle construir 4.500 metros cuadrados en el propio islote y otros 8.000 metros en Naos. Peccata minuta, según Cortezo, cuya principal arma de negociación con el Ayuntamiento -ya se ha dicho- es mantener a toda costa el ‘punto negro' de La Rocar. A ella se agarrará como un clavo ardiendo.

Bruno conoce bien las reglas del juego de la vida. Las del islote son duras: la semana pasada dos amables agentes le acompañaron hasta el aeropuerto para que fuese a declarar en el juicio por el homicidio de un vecino de La Rocar, Rogelio Roka. Se lo cargaron otros dos residentes en una noche confusa. Las reglas del juego de los señoritos que se dedican a la política y los negocios también se las ha aprendido: “Meten el dinero al bolsillo y nosotros... ¿me entiendes, no?”, repite como un tic nervioso con su acento africano.

 

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