
Mario Alberto Perdomo
[Jueves, 15 de noviembre de 2007]
El Ayuntamiento de Arrecife ha decidido hacerle un gran regalo a la ciudad para las inminentes fiestas navideñas: el derribo de las antiguas naves de Rocar que se encuentran en el Islote del Francés. La Concejalía de Urbanismo ha declarado en situación de ruina inminente el conjunto de edificios, que llevan décadas abandonados. Como establece la ley para estos casos, la propiedad deberá costear la demolición, cuyo presupuesto supera los 700.000 euros.
¡Por fin! Al final va a resultar que la percepción sobre la ciudad puede transformarse, para bien, con un albeo, una de enfoscados, unos arbolitos y un par de demoliciones. Y así es. Se ha dicho mil veces. La sensación de desaliño que presenta Arrecife puede ser atajada a corto plazo con aseo, pulcritud, buenas maneras y unos retoques casi estéticos -sombra aquí, sombra allá-, mientras se va diseñando la ciudad del futuro y se abordan los cambios estructurales que necesita para erigirse en una urbe moderna, funcional, eficiente y hermosa. Que es de lo que se trata.
Junto al eterno problema no resuelto de los barrios, las naves que todavía se alzan en el Islote del Francés constituyen una de las heridas abiertas de la ciudad. Por ellas se viene desangrando Arrecife, gota a gota y día a día, desde hace un cuarto de siglo, mostrando una situación decadente desde que naufragó el sector pesquero y, con él, toda la industria de transformación enclavada en tierra. Para la municipalidad, lo suyo era afrontar la reconversión industrial a que se vio abocada Arrecife mediante operaciones a escala de buen urbanismo y mejor arquitectura, en lugar de darle alas a las expectativas de la propiedad, que sigue aguardando la llegada de la mejor, y más rentable, de las operaciones posibles, en lugar de apostar por una solución digna, rápida y viable. De aquella desidia procede esta solución traumática, aunque imprescindible e inaplazable.
En un plazo máximo de tres meses, el Islote del Francés mostrará todo su potencial como pieza clave del engranaje entre el puerto y la ciudad, en pleno corazón de la fachada marítima. Una vez despejado tras las demoliciones, su imponente superficie revelará su vocación de espacio público y su capacidad para acoger infraestructuras culturales y de ocio. Ya era hora.
[Condiciones de uso | | ]