Isla de las culturas, Ciudad inventada

 

Arrecife apesta

 

Rafael Fuentes

Ilustración de Valdi García
[Lunes, 12 de noviembre de 2007]

 

 

 

 

 

 

A Antonio Lorenzo Martín , de su lectura, también de sus otras cualidades, me viene la pasión y el interés de escribir.

 

Dice la RAE, en la vigésima segunda edición del Diccionario de la lengua española, que peste, además de ser enfermedad contagiosa y grave que causa gran mortandad en los hombres o en los animales, es mal olor. Cosa que puede ocasionar daño grave. También, corrupción de las costumbres y desórdenes de los vicios, por la ruina escandalosa que ocasionan. Y, en tono coloquial, excesiva abundancia de cosas en cualquier línea. Y que emplear palabras de enojo o amenaza y execración, es ‘echar pestes'.

Escribo, ingiero alimentos, estudio... albergo mi vida en La Vega, en el edificio que forma el córner izquierdo de las calles de Alonso Cano y Alcalde Ginés de la Hoz. Una suerte de piso y luz que desde la primera planta se asoma a diestra y siniestra por la avenida del que fuera alcalde de Arrecife en los sesenta. La hermosa vista, después de alongarse sobre un encrespado muladar de basuras y vómitos de contenedores, se estampa contra los palomares de ‘Best Buy', la tienda de electrodomésticos que está un poco más abajo que el ‘Bingo' en dirección al ayuntamiento, donde está el despacho del concejal de barrios y limpieza.

La finca, sitiada de solares vacíos, hace apestosa esquina a una manzana que, junto a las mencionadas Alonso Cano y Alcalde Ginés de la Hoz, delimita las calles de Brasilia y Amazonas. En la misma parcela, y en otras vecinas y colindantes, se asientan varias construcciones recientes por habitar, igual que muchas más en distintos procesos de fabricación. El respetable terreno que aún está libre sufre un rosario de abusados y maltratados usos: urinario, cagadero de perros, vertedero, basurero, escombrera, aparcamiento, campa de una constructora...y muelle de estirados contenedores, centro logístico para las operaciones de distribución y reparto de adulteradas mercancías ‘Made in China' de algunos comercios de la zona.

El portal que transito está habitado por seis familias que ocupan igual número de viviendas, de las que dos directamente, otras dos a medias, y las dos restantes de refilón, exhiben ventanas y balcones a un paisaje de inmundicias; obligando a los vecinos a exponer la salud y mejor humor, entre vahídos de pestilencia y podridos efluvios de lixiviados y enfermedad. Así, para protegerla de una nube de moscas pordioseras y más plagas, la vecina del segundo jamás abre el ventanal a su pequeña. La familia hindú que vive en el primero intenta mitigar el hedor con el aroma de sus especiados y sugerentes guisos. Mi asma, en su necesidad de aire fresco, se asfixia... El olor, desagradable y penetrante, emana dulzón de cuatro contenedores de residuos que, desbordados, desparraman las basuras domésticas e industriales hasta conformar un insalubre y nocivo estercolero que cada día vicia la calidad de vida de estas personas.

Los contenedores, además de ofertar un tonelaje a todas luces insuficiente para atender las demandas de la población que en este punto debería asistir, son utilizados de manera incorrecta o nada apropiada por una amplitud de usuarios, incluso con bastante desprecio por cualquier norma cívica. Nunca son manipulados convenientemente por una parte sustantiva de los trabajadores y empresa que gestiona la recogida de residuos en este municipio. La policía, de oídos sordos y vista gorda, tampoco observa el cumplimiento de las ordenanzas municipales en vigor y en este sentido. La práctica, que se extiende por toda la ciudad, amenaza convertirse en seña de identidad.

Los desórdenes en las costumbres de una amplitud de usuarios, llevan a una señora de las inmediaciones a intentar acertar el contenedor lanzando la bolsa de sus basuras desde una distancia considerable, cuando ésta cae fuera la arrima de una patada hasta las ruedas del recipiente. Otro señor que vive en la trasera descarga la carretilla de escombros de sus albañilerías domésticas, cada festivo, todos los domingos. Un empleado de pastelería ‘La Tarta' arrastra uno de los contenedores orgánicos hasta la puerta del obrador, allí lo pringa hasta llenarlo de restos y desperdicios... Ninguno cierra la tapa. Los operarios que se ocupan de la limpieza y esterilización de los cubos, trabajan con estos llenos, salpican de virus aceras, paredes, coches...cuando se van todo queda un poco más sucio; un charco nauseabundo delata su paso.

Las empresas del entorno también contribuyen a engordar la incivilidad maltratando al contenedor de recogida selectiva destinado al cartón doméstico. Así, ‘Best Buy' siempre deja las cajas en la acera, sin plegar, o electrodomésticos en desuso que retira a sus clientes, neveras, lavadoras... Almacenes y calzados ‘Yairis', y los bazares orientales ‘Hong Jia' y ‘Yu Jia', tienen comportamientos parecidos. El comercio ‘Informática Plus' renovó las cabinas del locutorio telefónico abandonando las desechadas en el solar contiguo. El operador de la grúa que retira los residuos estrella repetidamente el contenedor contra la farola derramando el cartón por vía y acera, entonces arranca el camión y se va. Un policía local a bordo del coche patrulla, sin cinto y hablando por el teléfono móvil, pasa de largo.

Al problema descrito se añade el fastidio y hastío que causan las palomas y que a muchos preocupan más que las garzas; un problema del municipio para el que no se tiene una solución pero tampoco se toman medidas encaminadas a preservar la limpieza de los edificios y zonas afectadas. Todavía ningún concejal ha solicitado la colaboración de las asociaciones de colombofilia de la Isla para gestionar un palomar de titularidad municipal donde fueran a parar estas aves, sacrificando las que estuvieran enfermas. Sólo una señora mayor y resolutiva, que vive en General García Escámez, 45, todos los domingos cruza la calle para limpiar la acera y el frontis de ‘Best Buy', dando una lección de civilidad hasta donde alcanza su manguera.

No hace falta mucho ingenio político para ordenar situar los contenedores de la esquina Alonso Cano y Alcalde Ginés de la Hoz, justamente una treintena de metros más arriba, lejos de las narices de ningún vecino; se necesita aún menos para entender que son insuficientes, y de ningún modo absorberán las basuras de los edificios que pronto se habitarán. Tampoco ofende, es más dignifica, reparar los abusos inspeccionando tanto la práctica de la empresa que gestiona la retirada de los residuos, como los viciados hábitos de comercios y otros usuarios...o para decidir limpiar la mierda de las palomas.

Don Antonio Jerónimo Machín Ramos, si yo fuera policía de esta localidad, en cumplimiento de las ordenanzas municipales le impondría una sanción ejemplar. Peor no se puede tener Arrecife.

 

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