Isla de las culturas, Ciudad inventada

 

L'Albereda

 

Rafael Fuentes

Ilustración de Valdi García
[Lunes, 22 de octubre de 2007]

 

 

 

 

A Antonio Lorenzo Martín, de su lectura, también de sus otras cualidades, me viene la pasión y el interés de escribir.

 

 

L'Albereda, que es tiempo de amanecer o rayar el día, da nombre a un frondoso barrio de la periferia de Seva, aquel municipio barcelonés de donde es originario Álex Crivillé. El lugar también forma parte y cuerpo del Parc Natural del Montseny, Reserva de la Biosfera, clavando sus raíces en la catalana comarca de Osona.

Habíamos despertado el domingo en Vich, capital de la comarca, después de deambular la madrugada anterior algunos ramales de la red de carreteras del estado y otras de esta comunidad. Un espléndido desayuno de jamón del país, salchichón y fuet de la zona, pa amb tomàquet , jugo de piña y café, saludó al sol de chanclas y camisilla que nos obsequió el clima. El día prometía excursión.

Empujados por los bramidos de incontables e infernales máquinas que un festivo sí y otro también homenajean la localidad del campeón sevenc, cruzamos Balenyá y Seva para, sin detenernos, visitar el Brull, la Castanyera y Montseny. Llegamos hasta Olot, el pueblo de la farmacéutica. Sin prisas, ya de vuelta, un goloso festín de fideuá, habas a la catalana, bacalao barnizado de frutos secos, popurrí de postres caseros, negro de la casa, vichy catalán, copa y café, gratamente nos entretuvo en Rupit, Pruit.

La oportunidad de conocer a Víctor y Judith era el primer propósito que quería cumplir el viaje que nos traía desde Lanzarote. Quedamos en adivinarnos a la vista, en el centro de Seva, a primeras horas de la tarde de este lunes. Algo nerviosos, nos anticipamos haciendo tranquilo tiempo en Collfonic, huérfano hoy de ruedas quemadas y ruidos de motos. Reconocernos fue fácil, éramos las únicas almas que estaban en la plaza en aquel instante que llegaron.

Hábiles, montaron sus bicicletas para indicarnos el camino hasta un aparcamiento cercano donde estacionar nuestro vehículo, y recorrer a pie el arbolado sendero de encinas, pinos y robles que llega hasta la casa que habitan, una histórica y centenaria masía en el corazón de L'Albereda sitiada por amplios prados y otras zonas de cultivo.

Viajamos al interior de la sólida construcción guiados por las regocijadas anécdotas y abundantes explicaciones de los anfitriones. Aquí está la cocina, cuatroequisele, con la chimenea que esta tarde prenderíamos al fondo. La escalera que sube hasta la planta alta desemboca en un espacioso y dilatado salón, antesala que da acceso al baño, otras habitaciones, más estancias, la terraza y distintos recovecos.

Apuntes, bocetos, dibujos, esculturas, pinturas, tapices, telas...creaciones de diferentes manifestaciones artísticas pululan por las paredes y marcos de las puertas. Otras veces, simplemente se estrellan contra el cristal. Una indefinible feria de piezas y objetos de añejos usos y mejor vida, invitando a la comodidad, conforma el mobiliario.

Crujientes, curiosas, resuenan nuestras pisadas sobre las huellas y eco de otros pasos, los de aquellos humanos que antaño anduvieron las centurias y el sitio. La masía comenzó a edificarse en el siglo XII y alcanzó su fisonomía actual en el discurrir del XVI. Visibles, semejando arañazos y cicatrices, algunas ñapas y muchos arreglos y cuidados de quienes la han morado, legándola en el tiempo. Ahora afortunadamente la miman, y esto, además de su natural fortaleza, reivindica su habitabilidad y derecho de permanencia.

Volviendo abajo, está la entrada, despensa, almacenes, cuadras, algún espacio reconvertido en taller... detrás se extiende la era. Muy cerca, enfrentando a la casona, a una escasa treintena de metros se levantan grandes porquerizas abandonadas y más alpendes que hacen acopio de la leña que arderá el invierno de este hogar.

En una campa colindante, en el epicentro de un cercado que a modo de collar circunda el árbol, se levanta un orgulloso ciruelo de porte respetable. Ahí debajo, junto al cañaveral, montamos una mesa de fresco y sombra. Y, mano a mano, asidos a una tabla de embutidas excelencias extremeñas, continuamos la conversación. La escalibada, y una coliflor que se derretía en aliños de oliva virgen extra, extrayendo detalles de la totalidad, animaron un largo debate sobre ‘lo divino' y ‘lo humano' y la existencia y las constelaciones y...

Parecidas al lugar son las personas que lo viven, tienen carácter. Sensibles, fluidas, flexibles, originales, voluntariosas... íntegras. Aprendimos a conocerlos despacio buceando en las profundidades de sus miradas, abismales simas que atesoran, como preciados pecios, el potencial de la vida.

El conjunto forma parte de una extensa propiedad rural cuyo titular, insensible con la reivindicación de perpetuidad de la masía, y ajeno a la voluntad de permanencia de los inquilinos, aguarda la recalificación urbanística para acometer una feroz transformación del sitio y sus alrededores.

 

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