
Jaime Puig
[Miércoles, 3 de octubre de 2007]
Todavía recuerdo como si fuera hoy la primera vez que me llevaron a El Golfo. No fue por la carretera de Los Hervideros, sino por el otro acceso, el que pasa rozando la anacrónica zona de tiro militar. Circulábamos en medio de la nada cuando, de pronto, la vía se precipitó cual montaña rusa natural y allá abajo, montando guardia para que el ejército de Neptuno no se adentrara en la lava, aparecían un grupo de blancas casitas en contraste con la tierra quemada. Me impactó esa visión. Cuánta paz en tan poco espacio. Hoy, ya lo saben, esa paz ha sido perturbada por un quítame allá ese deslinde por parte de quienes no sabían que aquello constituía pueblo.
Aún sin parpadear, mis improvisados guías me llevaron al Charco de los Clicos. Una denominación que debió firmarla un adelantado a su época porque, en efecto, lo que antaño era un lago verde, hoy es un simple charco. Mañana, no será ni eso. Simplemente, no será. Y menos mal que tenemos a las autoridades preocupándose del Charco de los Clicos. No quiero pensar qué hubiese sucedido de no mediar tantísimo dolor de cabeza institucional.
La reciente historia en relación a uno de los paisajes más fotografiados por quienes nos visitan tiene su origen, si no recuerdo mal, en tiempos de gobierno del PP. El entonces diputado nacional, Cándido Reguera, presentó una iniciativa para evitar que el lago verde siguiera desapareciendo lentamente. Feneció en las urnas el segundo Gobierno de Aznar, ha transcurrido la legislatura de Zapatero y el Charco de los Clicos, ajeno al vaivén gubernamental, continúa recogiéndose en las entrañas de una maravillosa playa de arena negra.
Deben haber pasado cinco presupuestos, mínimo. En medio: estudios de viabilidad, medioambientales y todo lo que ustedes quieran. Son necesarios, claro. ¿Pero es preciso ser tan exasperadamente lento? ¿A quien echaremos la culpa cuando el Lago sea sólo un hilo de agua verde? Me temo que, además de la más que demostrada parsimonia burocrática, topamos de nuevo con la palpable ausencia de liderazgo en la isla de los conformistas.
¿Palacio de Congresos? No sabemos dónde. Y cuando lo sepamos, no habrá suelo. ¿Futuro del Puerto? Esperen a ver que nos pongamos de acuerdo, aleguemos y contra-aleguemos. ¿Autonomía de la Autoridad Portuaria? Sí, claro…quiero decir No por ahora. ¿Plan para el Aeropuerto? Lo que Aena diga, of course. ¿Rehabilitación del Charco de los Clicos? Faltaría más. Estamos trabajando en ello. Y así...
El resultado, ya lo conocemos: ni palacio de congresos, ni puerto, propio o prestado, ni aeropuerto y, dentro de poco, sin ese Lago Verde donde presumir ante nuestros visitantes de otra estampa de esta sabia tierra única que sigue haciendo ímprobos esfuerzos por mantener a nuestros ojos lo que los humanos son incapaces de defender. Quieren, pero no saben.
jaimepuig@diariodelanzarote.com
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