EL SIROCO

 

La participación y una oportunidad perdida

 

Manuel Riveiro

[Lunes, 1 de octubre de 2007]

 

 

 

 

 

Esperaba uno el día en el que los ciudadanos pudieran tomar la palabra, directamente y sin el altavoz de los portavoces políticos, en los órganos de decisión de las instituciones públicas lanzaroteñas. Sucedió el viernes pasado, en el Pleno del Ayuntamiento de Arrecife: dos vecinos que llevan años quejándose de los ruidos de los bares de copas del centro, un parroquiano de Morro Angelito en contra del Plan General y el multidisciplinar Ismael Montero -presidente de la asociación de vecinos de Titerroy, amigo de José Vélez y conocido a base de insistencia y notas de prensa plagadas de faltas de ortografía-.

La participación ciudadana en esta tierra no ha pasado hasta el momento de sobado eslogan electoral, y por ello es destacable que los vecinos o colectivos con alguna iniciativa de interés social tengan la oportunidad de ser escuchados. Como mínimo. Otra cosa es que luego, por eso de la imperfecta democracia representativa, quienes terminen tomando las decisiones sean aquellos a los que votamos cada cuatro años. Sólo a los periodistas, que rezan para que las sesiones plenarias no se alarguen, y a aquéllos a los que la opinión de los ciudadanos les importa una higa, les puede parecer un error dar diez minutos para que una idea sea expuesta.

Se puede discutir si los colectivos sociales de la Isla -222 según un estudio encargado a ‘Mararía'- están más o menos activos, si representan el criterio de sus socios o simplemente sirven para saciar las ansias de notoriedad -una entrevistilla en la radio cada dos semana o un titular en la prensa de cuando en vez- del que se ha quedado con las llaves del local. Lo que no se debería cuestionar es la importancia que para la salud de la vida pública tienen las organizaciones sociales y los ciudadanos críticos.

Y si los que mandan en el Ayuntamiento de Arrecife (PSOE y PIL) han escogido la senda de la participación ciudadana en los Plenos de la Corporación municipal, han vuelto a caer, sin embargo, en el mal vicio de mirar para otro lado cuando desde los bancos de la oposición se pide una revisión de cómo se ha gestionado el dinero público. En menos de 15 días, dos ayuntamientos -el de Tías primero y ahora el de Arrecife- han rechazado sendas solicitudes de auditorías externas de los últimos siete años.

En Tías fue el Partido Popular el que exigió que se mirasen con lupa las cuentas municipales, aunque en la capital -con gran incoherencia- el mismo partido defendió que una auditoría externa transmitiría la sensación de que los políticos son unos corruptos. En Arrecife la auditoría la pidió Alternativa, y se quedó con las ganas. Para el alcalde, Enrique Pérez Parrilla, este tipo de medidas vienen a ser como 'vendettas'. Por lo tanto, la basura -de haberla- seguirá debajo de la alfombra.

Si algún día hubiese valentía política y se encargasen auditorías externas en Tías y Arrecife, no sería raro que arrojasen resultados parecidos a la de los Centros de Arte, Cultura y Turismo. Por ejemplo, fraccionamiento en la cuantía de los contratos para eludir la ley y dárselos a quien más interese, nombramiento de personal sin seguir el procedimiento como fórmula para enchufar a primos, afiliados, simpatizantes y demás familia o extraños gastos en período preelectoral. Una lástima que siga imperando la 'omertá'.

 

manuelriveiro@diariodelanzarote.com

 

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