Las cuentas caras

 

Armiche Díaz

[Lunes, 1 de octubre de 2007]

 

 

 

 

 

No me salen las cuentas. Esta calculadora no tiene pilas para sumar. Mis ilusiones cuestan dinero. Estoy pensando en buscarme un trabajillo extra en alguna trastienda donde no me vean las ojeras. Uno que me facilite culminar mis planes de desarrollo personal. Antes de cinco años quiero haber controlado todas las variables que me posibiliten el acceso a la felicidad.

Sueño con un vehículo más rápido porque a partir de ahora voy a necesitar más tiempo. Apurar hasta el último segundo. Tendrá climatizador, aunque consuma más. Quiero tiritar en verano y sudar en invierno. Sin sufrimientos ni penalidades.

Aspiro a una casa con otra habitación, una alarma electrónica, un dispositivo cortafuegos, internet wireless, parqué, domótica y enanitos en el jardín. Pero eso requiere más ingresos.

Puedo ahorrar un poco más en comida. Renunciaré a los platos de Casa Adán, al escaldón humeante. Abusaré de los congelados, del bocado rápido y de los conservantes. Pediré el sancocho sin cherne y el pepito sin ternera. Quizás mi digestión se resienta. Pero aún podré permitirme el seguro sanitario privado. Por si acaso.

Con esa dieta tendré que seguir en el gimnasio. Además, diez horas sentado delante de un ordenador te dejan yerta la espalda, muerta. Tengo que invertir en subsanar sus consecuencias. En seguir en forma. Si malogro mi cuerpo me costará más encontrar ese trabajo nuevo. La imagen dice mucho. Así que tampoco podré prescindir de las cremas.

Creo que quiero tener un hijo, Pero no sé con quién. Apenas tengo horas para compartir el cubo de palomitas. Cuando necesito un desahogo pago a señoritas de noches tristes con las que hablo mientras quemo medio cigarro sin nicotina.

Quizás adopte un negrito con sonrisa albina que me dé plenitud. Claro, que luego necesitaré más dinero para la guardería y para contratar a una canguro.

Le abriré una cuenta para sus estudios. Yo ya tendré mi edad, habré tardado demasiado en reunir para permitirme descendencia. Tendré que reservar una cuota para un plan de pensiones. Así mi familia podría contratar a alguna inmigrante que me pasee si me pongo enfermo. Ellos tampoco tendrán tiempo.

Lo tengo todo atado, Se llamará César Alberto. Es un nombre de alguien que llegará lejos. La niñera le susurrará nanas y le contará de mí. Le explicará que lo quiero, que me sacrifico por él. Así entenderá por qué siempre llego a casa con la sopa fría.

 

armichediaz@diariodelanzarote.com

 

[Condiciones de uso | | ]

volver | subir | imprimir

 

Opinión

La participación y una oportunidad perdida
Manuel Riveiro
Las cuentas caras
Armiche Díaz
A concurso
Mario Alberto Perdomo