El grito

 

Mario Alberto Perdomo

[Lunes, 24 de septiembre de 2007]

 

 

 

 

 

 

 

 

El grito está lanzado. Pretendida m anifestación vehemente de un ficticio sentimiento general, viene siendo emitida por el editorialista y propietario de el periódico El Día, a la par que ha dado alas al histórico dirigente independentista Antonio Cubillo para formular su proyecto soberanista. Casi de inmediato, han proliferado las pintadas con mensajes emancipadores compitiendo inútilmente con los graffitis, pues estos son mucho más certeros y potentes a la hora de expresar la nueva iconografía popular. Junto a las pintadas, han brotado los carteles, colocados en lugares muy visibles. Así que el grito está lanzado, patria y libertad, expresando una inclinación caribeña por los postulados políticos. Tenemos plan y tiene la pinta de ser un movimiento defensivo a pesar de que se presente como espontáneo rebrote.

Adelanto que no conozco otra patria que mi corazón desde una humanidad compartida. Me parece estupendo que cada cual luche por sus ideas, incluyendo la independencia de las Islas y la construcción de un estado nuevo. No obstante, y viniendo de donde viene el nuevo brote, me invade una sensación de extrañeza y no puedo leerlo más que en clave coyuntural, relacionándolo con el declive de la posición electoral y política de CC, su pacto con el PP en el Archipiélago y la apelación a la confrontación con Madrid como táctica a corto plazo. El eternamente fructífero recurso al sentimiento como propuesta ideológica.

Me parece preocupante, sin embargo, que como consecuencia de todo ello lleguen a reproducirse tensiones en la convivencia institucional, política y en las relaciones sociales y personales. Ya sabes, desde godo de mierda a apresado por el síndrome del colonizado, pasando por la conversión de los antagonismos dentro-fuera y bueno-malo en discurso absoluto y único. La convivencia corre riesgo de deteriorarse con el fin de calentar el ambiente para plantear reivindicaciones de máximos con la intención de alcanzar objetivos intermedios, como un Estatuto de Autonomía corrientito, un nuevo plan de financiación del Estado para Canarias y, colateralmente, desde la mejora de los resultados electorales de los postulados nacionalistas a la desviación de la atención de la problemática interna hacia lo de fuera. Pues nada, toca.

 

(Publicado en Canarias7)

 

 

 

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