
Jaime Puig
[Lunes, 17 de septiembre de 2007]
Este verano he leído por alguna parte que a una joven que hacía autostop por ahí, la pararon unos desconocidos y sólo su osadía y su arrojo para enfrentarse a ellos evitó vayan a saber qué. ¿Será verdad? ¿Han localizado al coche? ¿ y a los sujetos? ¿Se sigue investigando ?¿ Se ha archivado el tema? Silencio
Esta semana pasada se ha denunciado ante la Policía Local de San Bartolomé que a una niña de 14 años siete encapuchados, siete, la metieron en un furgón, le dieron una vuelta por ahí y la soltaron con algún rasguño cerca de su casa. ¿Será verdad? ¿Han localizado al coche? ¿ y a los sujetos? ¿Se sigue investigando ?¿ Se ha archivado el tema? Más silencio
En Lanzarote, queridos, no tenemos ningún derecho a que las llamadas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado den a la población explicaciones de ningún tipo. Tampoco los representantes políticos de estas fuerzas y cuerpos nos tienen en consideración. Así que ni el Comisario que toque en la Policía Nacional, ni quien más manda en la Guardia Civil (que debe ser un Capitán, estrella arriba, estrella abajo), ni lo que hace poco llamábamos Delegado del Gobierno, se toman la molestia de informarnos de nada. Hace tiempo que estos cargos, y otros uniformados, han quedado, casi, como meros comecanapés en el sarao institucional de turno.
Así pues, es normal que escuchemos en las tertulias ciudadanas que los dos sucesos arriba mencionados no sólo han existido, sino que la suerte que han corrido las chicas es mucho peor que lo apuntado. Que los encapuchados son colombianos, claro, y que Lanzarote es ya un lugar tan inseguro como el peor de los barrios de la peor de las ciudades.
Imagino que cualquiera de nosotros ha visto en los informativos de la televisión a portavoces policiales o gubernamentales dar detalles de sucesos que acontecen en otras ciudades de este singular país. Se dice lo que ha pasado, o se desmonta el creciente bulo de un hecho inexistente. Pero aquí no. Esto es distinto. En Lanzarote los ciudadanos no tenemos el derecho a recibir explicaciones.
Así sucedió en la todavía no clarificada muerte de Yasmila (por citar lo más reciente) y así está sucediendo con estos extraños casos señalados al principio. Den rienda suelta a su imaginación, señores. Expliquen a sus vecinos que hay raptos, violaciones, encapuchados y hasta descuartizadores. Hablen y digan. Total, nadie nos contará nunca la verdad.
jaimepuig@diariodelanzarote.com
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