Más vale prevenir

 

Antonio Lorenzo

[Jueves, 13 de septiembre de 2007]

 

 

 

 

 

 

Hay en nuestra forma de hablar unos aforismos, dichos o refranes: “Hombre prevenido vale por dos”; “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”; “Más vale prevenir que lamentar”. Hace unos días una noticia alarmante llenó los medios de comunicación insulares. Un pequeño incendio, afortunadamente cortado a tiempo, afectaba a nuestra planta desaladora de agua de mar, de la que depende absolutamente toda la vida de nuestra isla. Si esta noticia la unimos a otras alarmantes de inicio de crisis del turismo, único medio del que depende la economía de Lanzarote, hizo que muchos vieran con pesimismo nuestro futuro. Afortunadamente repito, la situación no llegó a mayores y aunque, según los mismos medios de comunicación se llegó a un cuarenta por ciento en la disminución de la producción de agua, repito por tercera vez, la suerte o la fortuna, hizo que se pudiera reparar en poco tiempo y al parecer, también según la prensa y radio, ya ayer domingo pudiera estar normalizado el suministro del vital elemento. Pero, ¿tendremos siempre la misma suerte? Hace unos años, con motivo de una de las ampliaciones de la planta, comentamos con uno de los responsables la conveniencia de que esa ampliación se realizara en otro sitio, apartada de las actuales instalaciones, al amparo de lo que denominan los expertos “diversificación del riesgo”. Nos aportó argumentos económicos para justificar el que la ampliación fuera eso, una ampliación de lo existente en ese momento y no unas nuevas instalaciones. No pude alegar otras razones que el evitar ese riesgo, e interiormente, me acordé de otro dicho que alguien me dijo: “Soy demasiado pobre para comprar barato”. ¿No sería comprar barato el que, por esos argumentos económicos se construyera con la amenaza de lo que ha ocurrido hace unos días, nos viéramos en la necesidad, en el mejor de los casos, a volver a contratar al “Conde Sister”, si aún no lo han desguazado? Y más peligro el que los tres factores esenciales, producción de agua, la de energía eléctrica y suministro de combustible estén formando unidad, casi un corazón de la isla. Seguramente si el ser vivo tuviera dos corazones, un fallo imperdonable en su creador, casi nadie moriría del primer infarto.

 

 

 

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