Don Manuel Díaz Rijo

 

Antonio Lorenzo

[Jueves, 9 de agosto de 2007]

 

 

 

 

 

 

Hace unos días asistimos al acto de toma de posesión de Don Manuel Díaz Rijo como Académico Correspondiente, de la Academia de Ciencias e Ingenierías de Lanzarote. En el discurso “El agua potable en Lanzarote”, Don Manuel hizo un recorrido histórico y técnico de las etapas que pasó desde que la idea, que tenía muy clara, de que Lanzarote estaba rodeada de un infinito embalse al que solo faltaba convertirlo en agua potable, hasta que cuajó en aquella empresa conocida popularmente por Termolanza, y que nos trajo el agua que marcó un antes y un después de nuestra isla. Los mayores somos conscientes de aquella lucha “contra viento y marea”, marea muchas veces con fuertes marejadas, que Don Manuel tuvo que ejercer, con la incomprensión, cuando no la enemiga, de algunos y el apoyo de unos pocos. A nuestra juventud hay que decirle que Lanzarote no fue siempre así. Que hasta pasada la mitad del anterior siglo, o sea, hasta hace unos cuarenta años, era pobre; que no había agua salvo para las mínimas necesidades; que el turismo que ha traído gran parte de la prosperidad, empezó a llegar después que la isla pudo ofrecer un mínimo de desarrollo y que éste era imposible sin ese elemento indispensable, junto con el sol y el clima que si teníamos; y con la desaparición del complejo de inferioridad que los lanzaroteños padecíamos, sintiéndonos incapaces de emprender otra actividad que no fuera ir a La Costa, o emigrar a otras tierras de las que se volvía, una mínima parte satisfechos y la mayoría decepcionados. En muchos lugares se conservan como monumentos históricos, elementos que fueron esenciales en su desarrollo. Recuerdo ver en una plaza de Las Palmas, “de cuyo nombre, parodiando a Don Miguel, no puedo acordarme”, la que llamaban “La máquina de la china”, no porque fuera originaria de aquel país, sino que había sido importante en el asfaltado de sus calles en el que además del negro producto, se empleaba “china”, esa piedra menuda que la máquina escachaba antes del riego asfáltico. Esto me trae a la memoria esa histórica fotografía de nuestras autoridades insulares y provinciales, contemplando como se descargaba en el Puerto de los Mármoles un enorme evaporador de forma prismática, que debió conservarse, y que serviría como base de un gran monumento rematado por la escultura de Don Manuel Díaz Rijo, y que nuestro pueblo supiera para siempre quien fue la persona que con su idea y constancia, marcó el antes y el después del ser de Lanzarote.

 

 

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