
Antonio Lorenzo
[Miércoles, 18 de julio de 2007]
Hace unos años fuimos testigos de los trabajos de restauración de la Catedral de León y como los canteros traían las piedras para el revestimiento de las fachadas, según nos informaron, de las mismas canteras de las que procedían las originales y labradas con la misma técnica que se empleó en su momento la obra original. Hemos leído en la prensa que los "labrantes" de Arucas también usan los métodos de elaboración y la misma procedencia de los materiales con que, recientemente, han realizado los trabajos de finalización de la basílica de su ciudad, a la que ellos siguen llamando su Catedral. Continuamente vemos en esos espléndidos reportajes que nos sirven las televisiones, de las restauraciones, sean monumentos, mobiliario u objetos de carácter histórico, que el paso del tiempo o la desidia, han ido deteriorando. En todos vemos que, incluso con investigaciones físicas o químicas, vía laboratorio, se pretende que lo nuevamente incorporado sea lo más afín a los materiales o a las técnicas originales. En la actualidad en Arrecife, ha surgido la polémica respecto a la conservación de su patrimonio histórico. Se discuten listas de edificios; se suspenden o se dan licencias de demolición; hay casas verdaderamente peligrosas para su integridad y para los ciudadanos. O sea, existe una situación poco clara de lo que debe o no debe hacerse. Entre esa lista están, y no podía ser menos, nuestras fortalezas; los Castillos de San Gabriel y de San José y el Puente de las Bolas. Después de finalizadas las obras de "restauración" del Castillo de San Gabriel, y cuando ya se permitió el paso a los visitantes, tengo que expresar la penosa impresión que me causó, que unas plataformas en las que se asientan cañones, en éstos si se ha hecho una buena pero incompleta restauración, traídos a Lanzarote con motivo de la Guerra de Cuba, allá por finales del Siglo XIX, para defenderla de la posible invasión de los yanquis presididos por McQuinley, se hayan construido con mosaicos más propios de una sala del siglo XXI, que de los alrededores de una fortaleza de la que tenemos testimonios históricos bastantes siglos atrás y que ya nos describe el ingeniero militar Leonardo Torriani, enviado a las islas por el Rey Felipe II, en 1583. Pero mi asombro, indignación o "cabreadura", dicho en términos coloquiales fue cuando, en una reciente visita, comprobé que el remate de la barbacana, o para entendernos bien, del parapeto del Castillo, está restaurado con piedras cortadas con sierra eléctrica. Es como si las roturas que muestra el extraordinario monumento egipcio denominado La Esfinge se rellenaran con plastilina. Señores responsables de nuestro patrimonio: Desde luego hay que defenderlo pero también que lo que se haga se haga bien y no permitir esa "chapuza" que se ha practicado en nuestro quizá más emblemático monumento. Me imagino las carcajadas de muchos de esos cientos de turistas que visitan aquel recinto. Mientras no se solucione esa aberración lo mínimo que deben hacer nuestras autoridades responsables, es encargar a uno de esos "cabuqueros" que todavía los hay, que "repique", no que toque la campana ya que no existe motivo para ello, sino que vuelva a picar esas piedras y, al menos disimule provisionalmente, mientras no se arregle definitivamente, el disparate estético e histórico.
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