La firma y el Estatuto

 

Tomás J. López

[Lunes, 9 de julio de 2007]

 

 

 

 

 

 

Si las papelerías de esta tierra siguen, como parece que hacen, vendiendo folios y bolígrafos, no sé a qué fueron los de Coalición Canaria y el Partido Popular a Madrid a firmar el pacto del próximo gobierno. A nadie le cabría en la cabeza que los pactos para la gobernabilidad de autonomías como Galicia, Andalucía o Cataluña se firmasen en el Congreso de los Diputados, como de hecho no se hace. Al contrario, recuerdo cómo los últimos "tripartitos" catalanes, por ejemplo, se han firmado en Cataluña, con una senyera presidiendo la sala y con los medios de comunicación de aquel territorio como testigos. Mientras, si a un vasco le dices que su gobierno se va a ratificar en Madrid se le salta hasta la txapela de tanta risa. Ni siquiera me imagino que en la ancha Castilla deban coger el tren para firmar hipotéticos pactos de gobierno autonómicos en la Villa y Corte. Pega más que los futuros pactos de Castilla y León se firmen en Valladolid, y que los castellano-manchegos hagan lo propio en Toledo, por poner dos ejemplos.

¿Qué nos pasa entonces a los canarios? ¿Tan lejos y tan cerca estamos? ¿Tan poco nos lo creemos? ¿Por qué el pacto se debe firmar a más de 1500 kilómetros de este Archipiélago? ¿Por qué tienen que coger un avión nuestros líderes políticos? ¿Se debe sustituir a nuestra bandera por Ángel Acebes, por muy tieso que esté éste siempre? ¿No estaremos haciendo el ridículo? Todo apunta a que no hay razones, a estas alturas de la historia de la Autonomía, para que populares y "nacionalistas" (póngales comillas hasta hacer desaparecer el término) se vayan de Canarias para firmar el acuerdo de Canarias. Y es que la firma, en Madrid, es más patética por lo que connota que por lo que denota. El ir a firmar a Madrid es un símbolo de lo que estos políticos nuestros piensan, aunque intenten convencernos de lo contrario. Una falta de respeto al pueblo que les votó y al que van a gobernar, como mínimo; servilismo, pleitesía, síndrome del colonizado y complejo de inferioridad, también.

Canarias, que por razones geográficas, históricas y culturales, debería ser el territorio del Estado con mayor reconocimiento de sus singularidades, no dejará de ser una comunidad de 3ª regional mientras estos que nos gobiernan no cambien su oxidado 'chip'. La firma de Madrid es la imagen; la que se tienen montada con el nuevo Estatuto es la confirmación práctica.

A veces dudo de que esta gente sepa lo que es un Estatuto y lo que nos jugamos en él. El Estatuto, lejos de ser la moneda de cambio con la que unos y otros juegan, o la medalla que alguno se quiera colocar, es el texto legal fundamental del país. El Estatuto sirve esencialmente para explicitar y dar rango de ley a lo que somos, a lo que queremos ser y a las formas en las que conseguiremos ser lo que queremos.

¿Y qué somos? Basta con repasar esta nueva generación de Estatutos autonómicos para ver cómo las autonomías que sí quieren ser de primera han afrontado el asunto de la identidad. La Comunidad Valenciana se define en su nuevo estatuto como "nacionalidad", "país valenciano" y "Reino de Valencia", de acuerdo a su tradición histórica, y sin complejos. No les ha hecho falta ninguna "entente" nacionalista: allí gobierna el PP y el Estatuto lo apoyó también el PSOE. Cataluña, como ya sabemos todos, buscó la manera de "colar" el término "nación". Y ahí quedó, con el voto positivo de nacionalistas, socialistas y los que están más a su izquierda. Andalucía ha reivindicado su "identidad nacional", y socialistas y populares le han dado el visto bueno. Baleares y gallegos van por el mismo camino. ¿Y los canarios? El nuevo Estatuto en trámite dice que Canarias es un "Archipiélago Atlántico". Y tan anchos que se quedan. Todavía salen los de Coalición mostrando con orgullo el "invento". Díganme ustedes si para decir que somos un Archipiélago y que estamos en el Atlántico hace falta tanta Comisión, Parlamento, Gobierno, Autonomía, Estatuto, trámite y demás zarandajadas. Yo les daba un libro de "Cono" de mi hermano (que es como chiquillos llaman a la geografía, la historia y las ciencias naturales) para demostrarles que la genialidad es demasiado vieja como para que anden arrayándose ese millo. En el capítulo de originalidades está, ahora sí, la nueva frase que incorporará el Estatuto tras el pacto del otro día: "en la unidad de la Nación española". Amén.

Pero si saber qué somos es importante desde un punto de vista teórico e identitario, más importante es tener claro qué queremos ser y cómo lo conseguiremos. Y ahí entra el asunto de las singularidades, las competencias y el autogobierno. Los canarios tendremos que decidir, para luego consensuar con el Estado, si queremos que las aguas que hay entre las islas sigan siendo "espacio de nadie", y por lo tanto una amenaza potencial para nuestra economía, nuestros recursos pesqueros, nuestro medio ambiente y hasta nuestra supervivencia, o que sean consideradas como territorio canario.

Tendremos que elegir entre ser nosotros, u otros, quienes decidan sobre las posibles extracciones de gas y petróleo que se pudieran realizar en nuestras costas.

Tendremos que exigir un lugar en el Mundo, una interlocución directa con la Unión Europea, los países vecinos de África o los hermanos de América Latina, u optar por seguir esperando a que España nos invite -que no lo hace- a las reuniones internacionales en las que se trata desde el futuro del plátano o la pesca hasta los acuerdos de repatriación.

Tendremos que decir si queremos hacer de los puertos y aeropuertos nuestras carreteras entre islas y con el exterior, o que estos sigan dependiendo del Estado, dejando fuera de nuestro control una mina de beneficios económicos.

Tendremos que decir, entre otros muchos asuntos, si queremos ser nosotros quienes decidamos sobre la población que cabe en este territorio limitado, si nos encargamos de las prisiones y de los cientos de presos canarios que son enviados fuera de las Islas, si gestionamos o no nuestro litoral y nuestros parques nacionales, si afrontamos el reto de la sociedad de la información. Y tendremos que dejar claro si queremos situarnos en la vanguardia de derechos ciudadanos (al medio ambiente y el desarrollo sostenible, a la igualdad entre géneros, a la participación en sociedad, a la diversidad...) o continuar eternamente en la retaguardia.

Estos, y no otros, deberían haber sido los objetivos del nuevo Estatuto y en ello deberían haber estado todos los partidos que digan tener sus pies en esta tierra nuestra. Lo demás son carajeras para mantenernos tan entretenidos como eternamente paralizados. Si los políticos canarios tuviesen un mínimo de conciencia de país, si actuasen de acuerdo al interés general de los canarios y canarias, no tendría sentido la amenaza del PSOE de vetar el Estatuto ahora que no entra en el Gobierno; sería ridículo también que los socialistas condicionaran este texto fundamental a una ley como la electoral, que debe salir del Parlamento de Canarias y no de las Cortes españolas; sería impensable que ahora llegasen el PP y Coalición Canaria tijera en mano para recortar aun más un texto que ya nació descafeinado... Si unos y otros tuvieran un mayor sentido de la responsabilidad irían a Madrid a exigir lo que este pueblo precisa. Pero por lo pronto sólo van a aprender caligrafía, porque, por lo que se ve, si no los supervisa un ibérico no atinan ni a firmar. No sé si habrá cuadernillos didácticos donde se enseñe dignidad.

 

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